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La timba cubana, un concepto musical nuevo

Por: Rafael Lam

La Habana (PL).- La «nueva timba» cubana despunta en noviembre de 1989, con la gira por los barrios habaneros de la orquesta NG La Banda, que impone un nuevo concepto, estilo, timbre y sonido musical. A partir de entonces, su director, José Luis Cortés, crea una marca, una imagen, de empaque respetable.

Desde los tiempos del mambo de Dámaso Pérez Prado no veíamos una música tan resonante y debatida.

El fenómeno tiene sus antecedentes en cuatro pilares: Juan Formell con el songo (mezcla de son, yoruba y pop español, una fusión entre combo y charanga); Irakere con una front line de metales, golpe en el corazón del bombo y la fusión del jazz con la electrónica, la rumba y tambores batá; Elio Revé con el changuí soneado y rumbeado en las orquestaciones atrevidas de Juan Carlos Alfonso; Adalberto Álvarez y su Son 14 en el renacimiento del conjunto sonero salseado, contemporáneo y más ritmático.

Hay que mencionar también otros antecedentes , de 1961. Los Tambores de Enrique Bonne, con 54 miembros, dieron nueva categoría a la conga con trompeta china incluida. En 1963, la irrupción del ritmo mozambique con Pello el Afrokán en las fiestas masivas y populares, en la línea conguera y carnavalera con sus percusionistas al frente, influyó mucho en esa década.

Juan Formell me confesó en 1998: «quien absorbe, agarra, extracta y sintetiza todos los antecedentes de la timba es José Luis Cortés». Unos años después, en un homenaje a Cortés, Chucho Valdés reconoce también que «es José Luis, quien hace el aporte definitivo a la timba, desde su estancia en Irakere».

En consecuencia, la timba de NG La Banda es la culminación de un movimiento musical que venía gestándose años atrás. Cortés es un hombre de origen congo, un hombre de barrio, rey de los tumbaos, los montunos, los coros, que se despoja del corsé jazzístico -polirítmico- de Irakere y lo funde con la sencillez bailable de Los Van Van (en ambas agrupaciones tocó José Luis).

El impuso la música para bailar, por encima de los intereses de algunos de sus integrantes, demasiados dependientes del jazz. «Cambiamos la música intelectual que nos iba a llevar al desastre, nos pusimos en la sintonía de la esencia de las tradiciones cubanas, así ganamos el juego», dice.

Concepto (Subtítulo)

El primer especialista extranjero que comprendió la mecánica de la timba fue el estadounidense, amigo de Cuba, Ned Sublette (músico, cantante y especialista en cultura cubana). En 1991, en el momento en que comenzaba el gran estallido del boom de la salsa cubana, publicó en The New York un respetuoso artículo titulado: «En Cuba sí se baila al compás de la música, reproducido en el semanario Granma Internacional, el 27 enero 1991.

En el apunta: «NG La Banda goza de virtuosismo, desempeña el papel de orquesta de baile y de concierto; se vale de un antiguo truco: largos y pegajosos montunos, saludando en versos los barrios de la capital».

El investigador colombiano César Pagano, en la revista 91.9, de diciembre de 1996, analiza el fenómeno timba: «Manolo Mulet recomienda mantener la cautela al observar la evolución de lo que para él es un nuevo estilo, sólo el tiempo resolverá el enigma de si la timba es realmente un género nuevo de la música cubana… Encuentra ciertas dificultades técnicas, por su intrincada ejecución y orquestación, debido a la dificultad de la transmisión del baile y hasta razones políticas que impiden su propagación por el planeta entero…Posee una atmósfera delirante, vigorosa, con varios estribillos en piezas que se prolongan como los conjuros africanos expandidos hasta alcanzar una apoteosis grandiosa, que incita al público más exaltado a gozar de Cuba».

Tan acertada fue esta definición que -hasta estos momentos- ninguna agrupación extranjera ha podido tocar la auténtica timba, encontrar la patente, para dominar la insuperable base de su «motor rítmico», los poderosos montunos y tumbaos del piano, los pasajes alucinantes de los metales.

En Cuba, tuvieron que transcurrir unos dos años para que pudieran dominar el concepto de NG La Banda, solamente lo pudieron iniciar dos ex integrantes de la banda. El fundamento se encuentra en Cuba.

José Luís Cortés me reveló en exclusiva el secreto de NG (aunque los secretos no se revelan). Su banda logró una verdadera magia musical, al rescatar el éxtasis y frenesí colectivos de una música primitiva -vale decir auténtica y natural-, de atmósfera, de ambiente, de clima emocional; música para ser vivida, sentida y sufrida. Se desarrolló en el mundo del barrio. Es una música de fusión: rumba, guaracha, son y mambo, aderezado con un toque de jazz, pop, rock, rap y el toque caribeño; una especie de funky cubano.

El motor sonoro es como una máquina de ritmos modernos. Hay aportes en los tumbaos y montunos, muy exactos, que generan una dinámica, un agarre de tremendo atractivo. Esa profesionalidad de la base rítmica es un concepto aplicado a toda la orquesta.

La agresividad de la masa orquestal -con pasajes asombrosos de los metales- impresiona y atrapa al bailador con un ritmo nítido, fácil de bailar, pero difícil de imitar. La calidad, la precisión y ajuste de las cuerdas determinan un sello profesional, una responsabilidad del sonido, en el tempo y la métrica de la orquesta. «Suena monolítica», como dice Silvio Rodríguez.

Los letras son crudas y agresivas, portadoras de una lírica distinta, una poesía que canta «la cultura del ritmo», utilizando una definición del sabio cubano Fernando Ortiz.

Lo bailable (Subtítulo)

La timba cuenta con un baile libre, espontáneo, en solitario -como en África-, muchas veces la dama se pone de espaldas al hombre y bate el llamado «tembleque» o despelote, con una velocidad vertiginosa. Tal parece que a los bailadores han sido víctimas de una corriente eléctrica de alto voltaje.

Juan Formell afirma que la timba es un ritmo heavy (duro), afro, distinto a la salsita blanca latina.

¿Cuáles con sus aportes? Uno de ellos inducir a los nuevos músicos cubanos a dejar atrás el jazz como un non plus ultra. Cuba es el yacimiento máximo de timbres del planeta. Demostró que la música cubana podía vencer el bloqueo de los circuitos de la industria musical. La triunfante timba inundó a Europa, Asia y Estados Unidos de Norteamérica. Hizo temblar los rascacielos, desde el Lincoln Center o el Carnegie Hall.

Cambió además la concepción de los estudiantes de nuestros conservatorios, quienes comenzaron a preferir los tumbaos de Peruchín, Lilí Martínez y Rubén González a los preludios y estudios de Chopin y los clásicos europeos.

La timba fue una moda y un concepto, arrasó con todo. Fue un fenómeno que nos dejó remozados como si asistiésemos a una verdadera revolución musical.

Como sucedió con el mambo de Pérez Prado, tuvo muchos detractores, esos que nunca faltan. Juan Formell considera que pocas músicas en la historia tuvieron tantos. Esas controversias de alto voltaje -explica el musicólogo y ensayista cubano Leonardo Acosta- son comunes en la historia de los géneros bailables en Cuba. Se remontan al siglo XIX y tienen sus raíces en los prejuicios raciales contra las expresiones culturales afrocubanas».

De cualquier manera el saldo es descomunal: cientos de agrupaciones nuevas, muchas de ellas femeninas, miles de músicos jóvenes, nuevas disqueras generando composiciones y grabaciones de discos, salones nuevos como El Palacio de la Salsa, giras por todo el mundo, Premios Grammy, records Guinness («El son más largo del mundo»), un team Cuba sensacional.

Participaron en su despegue, bandas y directores ya establecidos para la historia: Van Van, Adalberto, Irakere, Revé, Dan Den, NG La Banda, Paulo FG, Manolín, Charanga Habanera, Manolito Simonet, Bamboleo, Yumurí, Arnaldo y su Talismán. «La música bailable, la salsa, la timba, no mueren, están en el corazón del pueblo cubano» , sostiene Juan Formell.

2011-07-07 17:41:20