Santo Domingo RD 21 octubre.- Antanas Mockus, padre de uno de los procesos de creación de cultura ciudadana más dramáticos de Latinoamérica.
Cuando comenzó su primer mandato como alcalde mayor de Bogotá los homicidios en la capital de Colombia eran 80 por cada cien mil habitantes «daba miedo. Vivir en Bogotá era diez veces más peligroso que vivir en el planeta», exclamó.
En agosto de este año los homicidios eran de 16.9 por cada cien mil habitantes. Una ciudad segura. Mockus recuerda a esa Bogotá de 18 años atrás: «Era gris». Conductores que se estacionaban sobre las aceras; una población acostumbrada a no pagar los impuestos; que no respetaban los pasos de peatón; sin un control de venta de bebidas alcohólicas; construcciones ilegales; tarantines de venta callejera a todo dar.
Cualquier parecido con alguna ciudad dominicana es pura coincidencia. ¿Y cómo cambió todo eso? Con mimos, tarjetas rojas, pinturas en las calles, disfraces de súper héroes. También la aplicación de las leyes; planificación de la educación ciudadana; la inclusión de maestros al gobierno de la ciudad; la transparencia de los recursos de la alcaldía y la medición del efecto de esas políticas públicas.
P. ¿Cómo un profesor, filósofo y matemático, un crítico termina en la alcaldía de Bogotá?
R. Me llamó una persona a quien le agradezco infinitamente y me dijo: Usted que es tan bueno para criticar cosas, y parar reformas, porqué no nos ayuda a construir. Acepté, al cabo del año me di cuenta que eso era lo que quería. Trabajé tres años con ese rector como vicerrector académico y al cabo de esos tres años terminé como rector de la Universidad Nacional. Yo he sido elegido dos veces alcalde de Bogotá. Y tres veces a otros cargos públicos. Un experto en alcaldía me dijo usted la embarró, usted debió aspirar como alcalde, pero a mí me parecía egoísta querer cambiar solo Bogotá, cuando puedo cambiar el país.
P. ¿Cómo arranca ese proceso para hacerle creer a la gente que se puede hacer cultura ciudadana?
R. Logramos entendernos tal vez porque yo reconocí que tenía conocimientos muy limitados. Por ejemplo el código de Policía. Nunca había leído el código de Policía y me imaginaba que era el reglamento para los policías, pero es el reglamento de la vida ciudadana de las cosas pequeñas. Que si hay una tubería en el piso de arriba y me afecta a mí, el código de policía prevé unos plazos y unos tiempos para hacer el reclamo y el señor tiene que arreglar la avería y arreglar los daños a mí.
Yo por mucho tiempo hice acarreos de arenas y piedras, y el código de policía dice que el transportador y dueño del vehículo es el señor que debe dejar limpias las calles y no irse y dejar el reguero para que lo recojan los vecinos. Entonces yo creo que el secreto estuvo con una mezcla de humildad y pretensión. Humildad, porque yo tampoco conozco estas cosas de las que estoy hablando y pretensión porque podemos mejorar el desempeño de la ciudad.
P. ¿En tal caso se trata de dar el conocimiento de sus derechos y responsabilidades?
R. Conciencia y derechos, pero también conciencia del funcionamiento incluso de las cosas como saber precios. Recuerdo la primera vez que me dijeron que construir un parqueo salía más caro que construir una casa, a mí no me cabía. Mire las cifras alcalde, mire lo que vale la tierra y lo que vale nivelar, etc. Es que algo con lo que luchaba era contra la sospecha gratuita, los colombianos, los latinos somos en ciertos temas muy desconfiados. Y la desconfianza suele ser mutua. Teníamos que aprender entonces a escuchar a la gente, antes de caerles encima y maltratarlos. Había que tener zonas grises porque también la gente tiene realidades.
P. ¿Una de sus políticas públicas fue la inclusión de educadores a la alcaldía?
R. Mi primer plan de gobierno, era de solo seis páginas. Eran seis compromisos y el primero era cultura ciudadana. Quise derrotar los excesos de la cultura del atajo. Ni siquiera pelear la cultura del atajo. ¿Qué es la cultura del atajo? Es lo que llamo resolver un problema lo más rápido y beneficioso para uno lo más rápido posible sin tomar en consecuencias de largo plazo para uno y de corto y largo plazo para los demás.
P. ¿La cultura del atajo cómo se combate? ¿A través de las políticas públicas, los ciudadanos, las leyes, la innovación, las multas, la gratificación?
R. Hay un poco de cada caso. Pero lo más importante es como imaginarse por un rato la ciudad sin policías, sin jueces, qué pasaría. De hecho en Ecuador hubo un paro de la policía por par de días, y no se desbarató Quito ni se desbarató Ecuador. La policía ayuda a ordenar la vida en sociedad, pero la vida en sociedad no nace de ese ordenamiento externo, nace el ordenamiento de las personas. Son actitudes como de generosidad. Los latinoamericanos somos dramáticamente católicos. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Vamos a mover esa fibra. Yo veo las cosas como un piano. Muchísimas veces uno puede mover la conciencia. Si la gente se ve con ojos más críticos, puede mejorar su comportamiento sin necesidad de multas. Pero las multas, ayudan. Si usted pierde cien dólares lo que sufre no lo recupera encontrándose 100 dólares, necesita encontrarse 230 dólares. Una multa de 100 equivale a un premio de 230. La gente en primera persona dice a mí edúquenme por las buenas, pero cuando se trata de otros, garrote. Hay que voltear eso. Tratemos al otro como lo tratamos a usted, y a usted un poquito más de garrote.
P. ¿Cuál usted considera que fue el punto de inflexión que ayudó a la gente a cambiar?
R. Diciembre de 1995, Ley Zanahoria que prohibía el expendio de bebidas alcohólicas a partir de la una de la mañana, y la prohibición de la pólvora (fuegos artificiales). El slogan chistoso era ‘Diciembre zanahorio enero seguro’, la seguridad de llegar a enero vivo. Y el otro momento también se muere gente mucha gente, entonces aprovechamos los hechos estadísticos para sacarle en cara en la gente la realidad. Escogimos leyes muy simples como la prohibición de venta de pólvora para evitar niños quemados. La restricción de venta de bebidas alcohólicas, la Ley Zanahoria. Hay niños, que ahora están adolescentes y me identifican diciéndome: Usted fue quien inventó la ley Zanahoria.
P. ¿Cuáles fueron los resultados de esa ley?
R. Básicamente logramos bajar las tasas de homicidios, muertes en riñas principalmente. Y las muertes en accidente de tránsito que eran 25 por cada cien mil habitantes y bajaron a 7.5 por cada cien mil habitantes. En los homicidios el bajón fue de un tercio de los homicidios en cada uno de los dos gobiernos en comparación con el momento en que los encontramos al principio.
P. ¿Cómo se aplicó esa Ley, tuvo puntos grises, como levantarla en Semana Santa y fiestas de pascua?
R. Se mantuvo todo el tiempo. Además cruzamos la información estadísticas con crueldad, porque el mes del año más violento era diciembre. Yo decía diciembre era el mes de la venida de Cristo. No puede ser que diciembre sea el mes más violento del año, porque la gente toma.
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2013-10-21 16:07:49