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La noche impecable de Aisha Syed

Lástima que los organizadores del concierto de Aisha Syed no tuvieron en cuenta la cercanía del recién finalizado Festival Musical de Santo Domingo, y el público que usualmente asiste a este tipo de conciertos estaba un poco sobresaturado.

Lástima también que la publicidad en realidad fue escasa. Lástima que no lo hicieron en un lugar más acertado para la música de cámara como la sala Máximo Avilés Blonda del Palacio de Bellas Artes.

Aisha Syed merecía un lleno total en su recalo por el puerto natal con el tour mundial que la ha llevado por varios países y que aún le llevará a varios más. No obstante, el Teatro Nacional Eduardo Brito tuvo, sino ese lleno total merecido, una aceptable asistencia de público. Eso sí, se trató de un público realmente conocedor, que aquilató cuánto ha crecido Aisha en el dominio de su instrumento, y cómo se ha hecho de un repertorio interesante, gracias a su álbum debut «Pasión latina».

Hay que destacar el excelente trabajo de acompañamiento de Nigel Hutchinson, un pianista solista que además ha sido el pianista oficial de muchas competencias internacionales de violín, y que grabó junto a Aisha este disco que merece, al menos, una nominación a los Grammy latinos.

Aisha hizo el mismo recorrido que su disco y fue desde la Danza española de Falla, hasta La Campanella de Paganini, abarcando sentimientos, tiempos, dificultades y pasiones muy diversas dentro de una cultura amplia, globalizadora que va desde Italia y España, hasta Argentina, Cuba, México y República Dominicana con El primer beso, de Julio Alberto Hernández.

La noche impecable del martes vi a una Aisha mucho más segura que en otras ocasiones, con una «dicción» absolutamente transparente en su instrumento, sobre todo en esos pasajes dificilísimos -escritos solo para virtuosos- donde tenía que combinar stacattos urgentísimos con arcada y pizzicatos tan rápidos, como en La Campanella; que en otras ocasiones los había escuchado en ella misma algo inacabados, pero que el martes fueron exactos, cristalinos, convincentes.

El público se gozó la ardiente encrucijada rítmica de la Pampeana No.1 de Ginasteras; pero también esa mano izquierda desplazándose rauda por el batedor en las Habaneras de Sarasate, sin dejar atrás todo ese raudal de sentimientos que despierta la suite de Falla.

Aisha demostró que se encamina hacia nuevas metas en esa ascensión suya a nuevos niveles de virtuosismo y madurez. Como dijo adiós con una Partitta de Bach.

2013-03-22 16:45:35