Mario Rivadulla
Excesivamente focalizados por lo general en los vaivenes y chismes de nuestro trajinar político, vamos dejando a la orilla del camino temas que debieran ser motivo de gran preocupación en tanto son evidencia de graves problemas sociales.
Veamos algunos a los que debiéramos prestarles mayor atención.
Los publicitados feminicidios. Cierto que han concitado la atención mediática y movido numerosos resortes en el seno de la sociedad. Quizás en alguna medida ha influido en que su número el pasado año fuese ligeramente inferior al 2011. Pero todavía la cifra continúa demasiado elevada y nos coloca entre los países donde se registra un mayor número de víctimas.
Otro caso son los suicidios. El pasado año, si mal no recordamos, la cantidad de personas que se quitaron la vida prácticamente triplicó el de los feminicidios. En algunos de estos, los autores contribuyeron a elevar esa estadística al privarse de la existencia después de asesinar a sus respectivas parejas y hasta a los hijos originados en la relación. Algunos de los suicidas eran jóvenes y hasta niños. Las motivaciones fueron de la más diversa índole pero principalmente de orden económico según han consideran sociólogos, psiquiatras.
La violencia intrafamiliar figura en esta agenda de situaciones que ameritan estudio y atención con estadísticas que pudiera calificarse de aterradoras, al establecer que se hace presente entre un cincuenta y un sesenta por ciento de los hogares dominicanos. La misma se manifiesta en diversas formas: desde los insultos de palabra, las golpizas y una casi forzada relación sexual. Para los hijos, muchas veces testigos de estos actos, no se trata precisamente del mejor ejemplo de enseñanza doméstica. En realidad, van creando una pauta de conducta futura de violencia en el hombre y sumisión en la mujer.
Pero la forma más vil se manifiesta en las violaciones sexuales, tanto de hembras como de varones. El aspecto más repugnante es comprobar que cuatro de cada cinco casos se registran en el ámbito doméstico: padres, padrastros, tíos, hermanos o amigos cercanos de la familia. Por lo general, la secuela marca a las víctimas por todo el resto de sus vidas. Los que al parecer arrastran mayor carga de sufrimiento son los varones, más reacios a revelar el abuso de que han sido víctimas que las hembras.
No de menor preocupación resulta el hecho de que en muchos colegios, prima un clima de agresión. Los estudiantes acuden a clases portando en sus mochilas cuchillos, puñales, punzones, machetes en vez de libros, mascotas y objetos de estudio. En un caso reciente, el arma era un revólver. Pudiera no estar lejano el día en que tengamos que lamentar una tragedia colectiva, si no se corrige esta situación a tiempo para lo cual es indispensable que se involucren los padres de los estudiantes.
Todo lo anterior, parte de una lista que no es excluyente y en el que es preciso incorporar el mismo manejo agresivo de muchos conductores de vehículos, son expresiones de violencia social. La misma que aunque no provoca tanta conmoción en la ciudadanía como la violencia criminal, supera a esta con mucho. Son además, una contundente evidente de la creciente pérdida de valores esenciales que son requeridos para garantizar una convivencia sana, pacífica y provechosa. Temas a los que, sin embargo, reiteramos, no estamos prestando la debida atención
EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
Lunes, 01, 04, 13
2013-04-02 18:16:11