El cuadro se repite hasta la fatiga y sin solución de continuidad cada vez que finaliza un feriado. Al día siguiente, las aulas públicas amanecen prácticamente vacías en su gran mayoría. Las que pueden dar clases, constituyen la rara excepción.
Esta ocasión no marcó la diferencia, a pesar de todo el énfasis que se ha puesto en el tema del atraso educativo y la necesidad de contar con los recursos que dispone la ley, el famoso cuatro por ciento que jamás se ha cumplido, para elevar los pobres casi vergonzosos estándares de enseñanza que arrojamos en cada medición.
De nada sirvieron ni el empeño que pusieron muchos directores de planteles en convocar previo al inicio de la Semana Santa a los padres de los alumnos para insistirles en la necesidad de que las clases pudieran reiniciarse el lunes. Tampoco la proverbial apelación de la Ministra de Educación, Josefina Pimentel, exhortando el retorno a las aulas sin dejar día por medio.
La mayoría de las aulas públicas permanecieron casi vacías. En apenas unos pocos casos, al menos en el Distrito Nacional, es posible que sobraran los dedos de la manos como excepción. Los maestros acudieron y los alumnos no.
Si ha habido una campaña insistente, desde todos los ángulos de la sociedad, ha sido el de la necesidad de elevar los niveles de educación, comenzando por ejecutar la ley del cuatro por ciento hasta ahora evadida por todos los gobiernos. El énfasis puesto en el tema ha sido de tal envergadura que lo ha convertido en uno de los puntos focales de la agenda de los aspirantes a la Presidencia, quienes firmaron un pacto comprometiéndose a cumplirla a partir del 2013.
Pero el problema no termina con la entrega de esos recursos, tal como hemos advertido en otras ocasiones. El tema de la educación nacional es mucho más complejo; presenta diversos requerimientos y otros tantos retos.
Faltan aulas y hay que construirlas, pero no es todo. Otras muchas se encuentran en de malas a pésimas condiciones, es preciso reacondicionarlas, pero no es todo. Hay que dotar los planteles de los necesarios recursos pedagógicos para ofrecer la enseñanza de calidad que el país requiere, pero no es todo. Es indispensable contar con maestros no solo titulados, sino que realmente dispongan de los debidos conocimientos y de la vocación de enseñar y formar, pero no es todo.
Todo eso de bien poco valdrá, si los padres no asumen el compromiso de participar de manera activa en la educación integral de sus hijos. Si no entienden que la escuela es complemento de un proceso de formación que tiene su principal fragua en el hogar y en el compromiso de los progenitores. Si cobran conciencia de que tienen que ser los primeros interesados en que sus hijos acudan a clases y de la necesidad de darle seguimiento a su comportamiento y aprovechamiento en la escuela, como de la obligación de convertirse en los principales mentores y ejemplos de sus vástagos.
Parece quizás un tanto traído por los pelos o exagerado afirmar que la despreocupación de los padres por enviar sus hijos a las aulas, inmediatamente que termina el feriado y no dejando un día por medio, es una expresión de culpable desidia.
En realidad no es así. Por el contrario, resulta una grave demostración de irresponsabilidad y de censurable desinterés en la formación y el porvenir de sus hijos.
Si no lo entienden de esa forma y asumen responsablemente el importante papel que les toca desempeñar en este sentido, todo cuanto se haga a favor de la educación será esfuerzo baldío.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. teledebate@hotmail.com
2012-04-11 21:04:08