Aunque ya bajo la anterior dirección de la AMET se tenía el dato, ahora se acaba de reiterar: el caso es que apenas un 3 por ciento de las multas que imponen sus agentes son pagadas por los conductores que cometen infracciones del tránsito. Vale la pena repetir la cifra: de cada 100 multas que reportan los miembros de la policía de tránsito apenas se cobran 3. Es una clara burla a la autoridad.
Otro dato: Según el incumbente de la Dirección General de Tránsito Terrestre al presente existen vigentes 953 mil 122 licencias de conducción en tanto 735 mil 188, equivalente al 43 por ciento del total se encuentran vencidas y pendientes de ser renovadas. Es otra burla a la ley y por consiguiente, a las autoridades.
Una más: de 67 mil licencias otorgadas a militares y agentes policiales, hay vencidas 32 mil 424. También una burla a la ley, pero en este caso más grave por cuanto los infractores son los encargados de velar por su cumplimiento.
Y aún otro dato: de alrededor de un millón y medio de motociclistas que hay en el país, menos de cincuenta mil, repetimos, menos de cincuenta mil disponen de su licencia. Ni que decir que a esta infracción se suman todas las demás que corresponden a este tipo de vehículo como es la de andar los conductores sin cascos protectores y transitar hasta tres y cuatro personas en un motor, incluyendo menores de edad con todo el riesgo que entraña.
Como post data podemos añadir la desidia que muestran miles de conductores en renovar sus marbetes, lo que ocurre cada año a pesar de las múltiples facilidades que se les otorgan y el amplio plazo de que disponen para realizar ese trámite obligatorio.
Lo anterior nos da una idea del desorden increíble que reina en el transporte y que explica en gran parte, las continuas y graves transgresiones a las normas de tránsito que se cometen en el país de manera impune, desde las más simples como es parquear en lugares prohibidos o encima de las aceras impidiendo el paso de los peatones o conducir hablando por celulares hasta no respetar la luz roja en los semáforos.
Las famosas voladoras en competencia constante para conquistar los pasajeros hasta la forma temeraria en que los conchos cargan y descargan a los sufridos usuarios, no hacen más que aumentar el caos. Y quienes de manera irresponsable violan la norma sagrada de si bebe, no conduzca y se conduce, no beba y se ahogan en alcohol cuando no en drogas convirtiéndose en auténticas bombas de tiempo ambulantes.
Ante este cuadro de continua burla a la ley y desafío a la autoridad, no es de extrañar que los accidentes vehiculares constituyan la principal causa de muertes violentas que se registra en el país. Cada año, miles de personas resultan lesionadas por este motivo, una gran parte pierden la existencia y otros sufren de algún tipo de limitación o impedimento por el resto de sus vidas.
Es un saldo negativo mayor, muy superior al conjunto de los delitos con violencia, los conflictos sociales, los feminicidios y los suicidios. Sin embargo, estos impactan mucho más en tanto la gran mayoría de los accidentes vehiculares pasan sin mayor trascendencia, salvo cuando se produce una catástrofe de grandes proporciones. La impresión que deja esta reacción es de total indiferencia, de un estado de resignación y habitualidad frente a lo que pudiera interpretarse como la aceptación de algo inevitable.
Pero no lo es, en verdad. Hay que detener esta sangría que casi siempre cobra sus víctimas entre la población joven. Todo está en que le prestemos la atención requerida y que se haga lo que sea necesario para reordenar el tránsito, fomentar una mayor toma de conciencia en los conductores sobre las ventajas del manejo defensivo por sobre el agresivo, de cumplir las normas del tránsito en beneficio propio y ajeno y en sancionar ejemplarmente a quienes persistan en violarlas.
En nuestras manos está la solución.
EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
Enero 10, 2013
teledebate@hotmail.com
2013-01-13 03:21:29