El Medio de Comunicacion

Cultura

Crecer con el lenguaje

Por Ramón Jiménez

Toda forma de comunicación evoluciona hacia la complejidad. El lenguaje responde a las demandas de comunicación entre el emisor y el receptor y al dominio de la situación entre ambos. Si no tengo dominio de un tema no puedo articular las ideas que se derivan de este por lo tanto la comunicación resultará inefectiva.

La poesía, por ejemplo, no es más que una manera de complicar la comunicación haciéndola sin embargo, más sofisticada e interesante. Los que la disfrutan logran comunicarse descifrando los códigos secretos de su estructura; mientras que resulta totalmente superflua para los que no poseen la sensibilidad necesaria para disfrutarla y o entenderla.

Cuando el emisor y el receptor no dominan la situación no puede haber comunicación efectiva aunque hablen el mismo idioma. El lenguaje se enriquece a medida que va alcanzando niveles de abstracción superiores. En este proceso las palabras se alejan de la realidad y evocan un significado subyacente. Un ejemplo de este fenómeno se puede verificar en el uso que se hace de los mecanismos de persuasión publicitaria.

El uso de figuras como la metáfora y los mensajes subliminales es muy común en la promoción de productos y servicios en sociedades muy desarrolladas con niveles de educación muy altos; mientras que la publicidad que recurre a estímulos directos mediante el uso de la reticencia y la rima se verifica en sociedades de escaso desarrollo y por lo tanto menos educadas.

En el primer caso la publicidad está dirigida a manipular los individuos psicológicamente en sus formas de pensar, sentir y actuar con las armas de la sutileza y la astucia del lenguaje sea este escrito, oral o en imagen; mientras que en el segundo caso la publicidad dirige sus dardos a inducir o estimular a los receptores mediante la acción directa, elemental y hasta corporal.

En otras palabras, el uso del lenguaje y el desarrollo de los pueblos están íntimamente vinculados. Si alguna utilidad que no sea estética, es decir concreta, tienen los géneros literarios es precisamente la de servir de motor a la evolución del lenguaje. La narración en prosa utiliza el lenguaje coloquial, lo manipula y lo coloca por encima del nivel del lenguaje ordinario. De igual manera, la prosa reviste el lenguaje de atributos estéticos que promueven en los lectores nuevas formas y necesidades de comunicación.

Pero para nada servirían los géneros literarios si no existen simultáneamente receptores ávidos de ellos. La lectura influye en la formación integral de los individuos y de las sociedades. La evolución de la lengua está relacionada entonces con el hábito de lectura. Con la evolución del lenguaje, los individuos evolucionan también. Adquieren nuevas formas de expresión, enriquecen su léxico, transforman sus hábitos y costumbres. Es por esta razón que los géneros literarios están siempre, en términos cronológicos, adelantados a su época, es decir, están por lo menos un paso adelantados. Así se crea en el receptor la necesidad de nuevos hallazgos en el afán de lograr una comunicación más efectiva.

Con la evolución del lenguaje las emociones también encuentran caminos más despejados a los fines de ser comunicadas aumentando así la sensibilidad hacia las bellas artes y el valor de la vida. En fin, con el habito de lectura crecemos en todos los sentidos, contribuimos al enriquecimiento de la lengua al adquirir necesidades estéticas y materiales nuevas que demandan niveles de servicios y hábitos de vida nuevos que nos proporcionan armas contra la ignorancia, la simpleza, la frivolidad y la tosquedad.

Cuando evolucionamos con el lenguaje, damos paso a la inteligencia y al sentido común. Cerramos el paso al animal que entre nosotros es causa de maltratos, abusos, guerras, frivolidades, indisciplina, falta de originalidad, estancamiento, aislamiento, deformación, vulgaridad y desinformación. Seremos capaces de evolucionar con la lengua y cambiar «etequetaquiatra» por «Este que está aquí detrás?»

2014-06-21 19:03:39