EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
Que funcionarios de alto rango del Departamento de Estado de Norteamérica al rendir informe sobre el tema del comercio de drogas durante una audiencia ante el Subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de su país afirmen que en la medida en que se ha incrementado la lucha contra los traficantes en Centroamérica se ha duplicado el trasiego en el Caribe a partir del 2011 no tiene nada de novedoso.
Tampoco es noticia que llame a sorpresa que la mayor parte de ese tránsito se está realizando a través de territorio dominicano, salvo la cantidad creciente que se ha ido quedando aquí y que nos ha convertido de simple corredor en un mercado de consumo de relativa importancia, conforme los carteles que manejan el negocio descubrieran que les era más cómodo pagar el peaje local en especie que en efectivo.
Esto ya lo sabíamos y lo habíamos advertido con muchísima anticipación. Fue así desde que el gobierno norteamericano aprobó el llamado Plan Mérida, mediante el cual se le facilitó principalmente a México y en menor medida a países centroamericanos, cientos de millones de dólares para prevenir, enfrentar y tratar de impedir el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos.
No en una, sino en varias comparecencias en TELEDEBATE, la previsora alerta fue dada en distintas entrevistas por el diputado Pelegrín Castillo. Con amplio conocimiento sobre el tema, al que le ha venido dando seguimiento a lo largo de los años, predijo la situación que ahora descubren estos funcionarios norteamericanos.
En esas distintas oportunidades, con anticipación de varios años, en base a esa previsible y lógica consecuencia se reclamó una y otra vez del gobierno norteamericano que así como estaba destinando cuantiosos recursos a la lucha antidrogas en México y Centroamérica, debía ampliar de manera significativa su cooperación con nuestras autoridades, facilitándonos tecnología y recursos de que carecíamos para poder enfrentar con mayor eficacia el reto de los poderosos carteles de la droga.
No ocurrió así. Nuestras razonadas apelaciones quedaron sin respuesta. Y el gobierno dominicano tuvo que hacer un gran esfuerzo presupuestario de alrededor de cien millones de dólares para adquirir en Brasil la flotilla de aviones Tucanos que pudiera dar protección adecuada a nuestros desguarnecidos cielos. Durante esa época de indefensión aérea, se produjeron cientos de vuelos del narco que a diario prácticamente bombardeaban de drogas nuestro territorio, como reconoció el entonces embajador de los Estados Unidos en el país.
Ha sido efectivo el trabajo de los Tucanos. Desde que entraron en operación, prácticamente han desaparecido las incursiones aéreas. Pero, en cambio, se han incrementado las acciones marítimas como también los intentos de pasar drogas, tanto a través de las mulas en pequeños envíos como encubiertas las remesas de gran volumen en furgones comerciales.
Nuestras autoridades antidrogas han venido desplegando un gran esfuerzo, casi a mano pelada. El presupuesto anual de la DNCD resulta inferior al valor de un solo gran envío de drogas. Para hacer más efectivo el trabajo antidrogas, tanto de prevención como de combate, se precisa de recursos de que no disponemos. Si las autoridades norteamericanas están conscientes de que el riesgo del trasiego se recrudece aquí en la medida en que decrece en México y Centroamérica, no tienen más remedio que meternos la mano sin demora ni tacañerías.
A fin de cuentas, su país es el más interesado y su mercado de gran consumo el mayor incentivo de los carteles del narco y responsable en buena medida de que estemos confrontando un problema de tanta gravedad, que en caso contrario no estaríamos arrastrando.
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2013-06-23 04:13:08