Mario Rivadulla
Si el planteamiento de la representante en el país del PNUD, Valerie Juilland, abogando por una amnistía general para los haitianos ilegales residentes en el país alborotó el avispero que siempre provoca el debatido tema de la inmigración masiva de indocumentados del territorio vecino hacia este lado de la isla, mayor aún ha sido la propuesta del historiador y sociólogo haitiano Paul Joseph Batiste de permitir el libre tránsito por la frontera.
Los calificativos con que ha sido recibido la misma han superado en número, diversidad y colorido a los que despertó la sugerencia de la diplomática francesa. El director de Migración, José Ricardo Taveras, quien en estos días ha estado varias veces en el ojo de la tormenta, la llama «desatino y disparate». El respetado historiador Roberto Cassá, le endilga el término de «absurdo», el ex canciller Hugo Tolentino Dipp la califica de «descabellada» y el siempre caústico Vinicio Castillo Semán, la concede categoría demencial al reputarla como «locura».
Por su lado, el Vicepresidente Rafael Albuquerque, quien por cierto revela que Haití así como otros países, se ha interesado por la ejecución del programa Solidaridad, desecha la controversial propuesta de Joseph que considera una simple opinión personal, afirmando que para el gobierno dominicano no tiene la menor relevancia ni base legal. Varios legisladores también la combaten.
Sin dudas, la propuesta del historiador haitiano de abrir la frontera al libre tránsito entre ambos países ha desplazado y sustituido en nivel de rechazo la inicial de la señora Juilland, abogando por la amnistía inmigratoria. Ahora bien…¿están enlazadas ambas propuestas, la del escritor y la diplomática? ¿Forman parte de un todo, de una estrategia común elaborada en instancias internacionales que se sabe o sospecha que alimentan el sueño de la isla Hispaniola «una e indivisible»? O, ¿se trata simplemente de voces independientes la una de la otra que sin proponérselo coincidieron en el tiempo?
El tema siempre tiende a suspicacias. Así lo plantea por lo claro Orlando Gil, el agudo y bien informado analista, en su columna del matutino Listín Diario. El descarta toda posible coincidencia, cuando llama la atención de que Joseph Batiste, quien durante todos estos años estuvo ausente del debatido tema expresa que el mismo encontró el terreno abonado por la representante de los poderes que hasta ahora no han podido imponer su designio, en obvia referencia al proyecto de unificación.
Cierto que la frontera no está del todo cerrada como debiera, para facilitarle el paso únicamente a quienes dispongan de visa de entrada o documento de residencia. Nadie ignora que se trata de una línea divisoria un tanto hipotética y en extremo porosa, ya por falta de suficiente vigilancia o el soborno que la torna vulnerable. De no ser así, ¿cómo se explicaría la presencia en el país de cientos de miles, que fácilmente pueden pasar del millón, de haitianos indocumentados que residen ilegalmente en el país y que continúan arribando en cantidad mucho mayor a los que son devueltos? Claramente no es por un extraño y masivo acto de magia. Pero de esa circunstancia que involucra ilegalidad y delito a legalizar el libre tránsito, va un trecho bastante ancho .
Aún cuando sean simples suposiciones, no deja de resultar extraño y generar suspicacias tanto la propuesta amnistía de la señora Juilland que bajo otro escenario y circunstancias pudiera interpretarse como un acto de buena voluntad pero dista mucho de parecerlo en el presente, como la resurrección del historiador Joseph Batiste con su no menos conflictivo planteamiento de libre acceso fronterizo.
En todo caso, ninguna parece viable. En cuanto a lo primero, porque buscarle salida a los indocumentados haitianos que llevan tiempo residiendo aquí, es tema que cae en el terreno de exclusiva competencia del ejercicio de la soberanía nacional y todo señalamiento sobre el mismo que tenga sello foráneo siempre será interpretado como una inaceptable intromisión y visto con máxima suspicacia.
En cuanto a lo segundo, porque sería en la práctica tanto como propiciar una mucho mayor masificación de lo que se ha dado en llamar con justeza, «invasión pacífica» de naturales del otro lado de la isla. Y aunque siempre será deseable y hay que trabajar en la dirección de mantener las mejores relaciones a ambos lados de la frontera, no es lo mismo tenerlos de vecinos que de huéspedes. Porque ni la casa es tan grande ni en la mesa del sancocho hay espacio para muchos más.
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TIRO RAPIDO DEL MARTES
Mario Rivadulla
7 de Agosto de 2012
2012-08-09 19:21:43