El Medio de Comunicacion

Opiniones

A Pleno Sol Turismo indiferente

Por Manuel Hernández Villeta

Las zonas francas y el turismo se vendieron durante mucho tiempo como la solución a los males generales de la sociedad dominicana. Era una panacea para los que deseaban fortalecer una nueva macro-economía, fuera de los renglones tradicionales.

El turismo y las zonas francas llegaron hermanados a la República Dominicana, y luego tomaron linderos diferentes. Las facilidades impositivas casi cero de países de Asia y Africa, hicieron mudar la zona franca a otras tierras.

El turismo adquirió matrícula propia, aunque abandonó a Puerto Plata, abrió y cerró a Juan Dolio y finalmente se estableció de La Romana para allá.

Para el país ha sido un experimento satisfactorio y piedra fundamental del desarrollo económico que se haya fomentado una industria del turismo, que hoy es de las mejores del mundo y que compite con plazas altamente cotizadas, como las de México, Cuba, otras regiones del Caribe y centro y sudamérica.

Pero como pasó con las zonas francas, el turismo es una punta de eje de la macroeconomía, pero no toma en cuenta los intereses de la gran mayoría, de los pobres, los necesitados, los que a su orilla vegetan.

En torno a los hoteles más lujosos de América Latina y del mundo, florece una miseria espantosa, y los propulsores del turismo la ven por encima de los hombros, y más bien dan la impresión de que quieren ocultar, ponerle un paño que evite su fácil vista.

No hay un turismo con rostro humano, que vaya en auxilio y desarrollo de las comunidades que circundan a los grandes hoteles de veraneo, donde aumenta la pobreza extrema, porque ya no hay agro-industria de sostenimiento.

El turismo surgió como una industria con chimeneas propias, cuando la producción azucarera languideció. La sustituyó en poder de impulso económico, y heredó sus tierras.

Los terrenos que en una ocasión sirvieron para sembrar caña, o eran manglares criadores de insectos, son hoy áreas reservadas, donde hay instalaciones modernas y vienen a veranear o invernar personas del mundo entero.

Reconocemos los aportes que el turismo hace al desarrollo nacional, pero también hay que ver su cara fea, su falta de sensibilidad para el nativo, su desatención a los problemas de salud, de educación, de vida, de las zonas donde se encuentran sus riquezas.

El turismo nacional está en la supraestructura económica, por lo que tiene que haber concertación entre el Estado y el sector privado para que se destine aunque sea una migaja a la asistencia social.

Justa repartición de riquezas en el turismo, y que una migaja de sus beneficios lleguen a Don Pablo Pueblo y los Hijos de Machepa.

2012-09-10 21:31:41