Por Manuel Hernández Villeta
Trujillo es un fantasma que no tiene sepultura. Los tradicionales anti-trujillistas se encargan de revivirlo día a día. La intolerancia en torno a la discusión abierta de la era de Trujillo es una vergüenza cuando se habla del libre juego de las ideas.
No importa cuáles son las ideas de un grupo, de un individuo, nadie puede impedir que se debatan abiertamente los temas de interés nacional. La permanencia de Trujillo en nuestro diario acontecer, se debe a que siempre se le pone una mordaza a su estudio y debate.
Trujillo no es más que un fantasma que no está sepulto. Las condiciones socio-políticas que permitieron que subiera al poder a principios del siglo XX hoy son irrepetibles.
Ya no existe el país rural, ya no hay el mundo dividido entre comunistas y derechistas, hay nuevas formas de dominación que no son los golpes militares, y la montonera fue llevada a la tumba a golpe de sable.
Trujillo debió morir en el atentado de la autopista que hoy lleva por nombre 30 de Mayo, pero el borrón y cuenta nueva lo llevó a meterse en el tuétano de todos los partidos políticos existentes en la República Dominicana.
Si bien ya desaparecieron las condiciones históricas que llevaron a Trujillo al poder, hay hoy las mismas desaveniencias sociales, con una sociedad urbana con fraccionamiento y desaparicion de la familia rural.
El caldo de cultivo de los dictadores son las desavenencias económicas de la población, la inseguridad social, la intolerancia, la falta de fe en el futuro, y entregar el derecho a vivir de los ciudadanos, a cambio de paz y orden.
A Trujillo nunca se le va a enterrar con la represión a los trasnochados que levantan su memoria. Ideas dispersas que no ameritan ningùn esfuerzo para silenciarlas. Además, acallar a los pocos neo-trujillistas, es renovar métodos que hace tiempo que debieron estar sepultados.
Los dictadores surgen y se mantienen porque hay un segmento de población, sobre todo de la mayoritaria masa silente, que los aupa como sus protectores y defensores. Los intelectuales que buscan mejores escalones, sirven de polanca para levantar las botas a los pasos de los dictadores.
Muchos de los intelectuales de ayer le lamieron las botas a Trujillo, y al final cambiaron de chaqueta
El único temor a Trujillo que se puede tener, es miedo a estudiar el pasado. Trujillo es parte del ayer dominicano. El hoy, es el hambre y la miseria que nos acogota, y cómo librarnos de esa camisa de tormentos.
2013-10-28 03:09:57