Por Manuel Hernández Villeta
Los partidos políticos son un reflejo de la sociedad en que se forman, y donde actúan. No puede haber partidos y dirigentes exitosos, que se distancien de su medio ambiente, salvo que quieran formar una nueva sociedad.
Aún así, son parte del conglomerado donde nacieron y por enfrentamientos socio-políticos consideran que llegó el momento de hacer cambios trascendentales, los cuales hoy, con la globalización y la caída de las ideologias son imposibles.
Los partidos abrevan en la meta de la gran mayoría poblacional, que es llegar a un estrato superio al que están en base a la actividad partidaria. Nadie se engancha a político para estar con los bolsillos vacíos y los pantalones rotos.
Los que se metieron a político buscando transformar el mundo, son ánimas de invernadero, o ya dieron el salto hacia el nuevo capitalismo. Pocos han seguido militando en sus viejos ideales.
Es más, los pocos que siguen frecuentando las ideas de izquierda, son anacrónicos, porque no se han actualizado a los nuevos tiempos, y siguen pensando que Berlín está dividido por un muro, y que los Chinos viven aislados en la plaza de las protestas y que la revolución cultural está en marcha con un libro rojo bajo el brazo.
Una ley de partidos políticos es un buen comienzo para buscar la institucionalidad de esa actividad en el país, pero no hay esperanzas en cuanto a la pieza y sus resultados. La Ley de Partidos es infuncional, desde que sus principales propulsores, diputados y senadores, son el mayor ejemplo del transfuguismo político.
El clientelismo político va unido de la mano de la miseria, de la oportunidad instántanea para saltar a un segmento de clase social más elevado, de ponerse zapatos y sacos, y dejar atrás los harapos y las sábanas sucias.
El clientelismo político no se acaba con discursos ni seminarios, porque inclusive los que patrocinan esos seminarios, representantes de la mal llamada sociedad civil, viven de las ideas políticas-mercuriales, plantean una institucionalidad en la cual ellos no creen ni en la praxis les interesa.
Para lograr la institucionalidad de los partidos políticos hay que acabar con el hambre y la miseria, con las necesidades extremas, que para cientos de miles sólo pueden cambiar de la noche a la mañana cuando gana su partido las elecciones.
Por demás, en un simple pedazo de papel, sin tomar en cuenta las necesidades y dolores de la comunidad, la institucionalildad seguirá siendo trazos para la basura.
2013-03-24 16:43:06