Por Manuel Hernández Villeta
El trabajo infantil en el mundo, es un tema muy delicado. En los grandes foros internacionales es una acción que mueve a discusiones permanentes. El Papa Francisco habló muy recientemente sobre el trabajo infantil.
Un niño no tiene porque estar trabajando. Se supone que en esa etapa debe tener protección de su familia y del Estado, y dedicarse, única y exclusivamente a los estudios.
Cuando un niño tiene que trabajar, o pedir en una esquina, para ayudar a mantener a su familia, el Estado y el sector empresarial se ponen a prueba, y se puede decir que ha fracasado en su misión de dar protección a la infancia.
Porque con el trauma del trabajo y la mendicidad infantil, hay que atacar el problema no solo en el niño que labora, sino en la miseria de los padres. Un niño con padres que pueden conseguir su alimentación diaria, tienen techo y trabajan o tienen alguna ocupación, es seguro que no sale a trabajar o a pedir en una esquina.
Los organismos internacionales son hipócritas cuando tratan el problema de los niños trabajadores, por la sencilla razón de que conocen el problema a fondo, y son complices, en la mayoria de las ocasiones, de los que propician y ejecutan el mal.
En los países sub-desarrollados como la República Dominicana el problema de los niños trabajadores tiene que ser vista con modalidades de una secuela dolorosa de la miseria, y se tiene que enfrentar, no solo sacando a los menores de las calles.
El niño sale a pedir, porque no tiene quien le garantice la comida. Ahora hay mercaderes que reúnen a un puñado de niños y los obliga a pedir en las esquinas, quitándoles los centavos que logran de manos caritativas.
Pero esa es una minoria. El punto central es que hay que atacar a la miseria y el abandono social, para que se pueda evitar el trabajo infantil, que en cada país de latinoamerica tiene síntomas distintos.
Con los niños que laboran en las calles se liga ahora el abuso infantil, la prostitución, la delincuencia y el utilizar a los llamados menores como punta de lanza del crimen organizado.
Es hora de pasar revisiones y comprender que para contrarrestar la salida de los pedilones infantiles, es necesario crear mejores condiciones de vida para su familia. Es fácil usted evitar que los niños trabajen, pero dificil es tener que ejecutar un programa de prevención y atajo de la miseria.
Seguirá habiendo niños y niñas que pidan en las calles, que trabajen, que se prostituyan, que sirvan al crimen organizado, porque para poder terminar con esos dolores de cabeza, se hace necesario mejorar sustancialmente las condiciones de vida de una parte mayoritaria de la sociedad.
Si se está caminando para solucionar este inconveniente social, bien, y en marcha sostenida, porque el sendero es largo.
2013-06-13 04:40:31