Por Manuel Hernández Vilelta
Haití es hoy una nación fallida. Carece de instituciones y sus habitantes han perdido fe en el futuro. Parecería que la meta de los haitianos es emigrar hacia otras tierras donde piensan que hay más progreso y mejores oportunidades de vida.
Triste historia para una tierra de hombres que siendo esclavos se rebelaron contra todo el poder colonial, sintetizado en el ejército imbatible de Napoleón Bonaparte, para reivindicar la tesis fundamental de la revolución francesa de libertad, igualdad y solidaridad.
Hoy, Haití luce un país sometido al fideicomiso de la Organización de las Naciones Unidas, que mantiene allí a una fuerza expedicionaria que controla todas las actividades públicas y privadas. Es ejército y policía, ya que estos organismos fueron desmantelados.
La incierta situación ahitiana, con un paso dentro del abismo, crea serios inconvenientes en unas buenas relaciones con la República Dominicana. Quiérase o no, al compartir una isla, con una división por tierra y con ríos sin cauce, hace que los dominicanos se vean obligados a considerar seriamente la situación del vecino territorio.
Visto el contexto actual, con los inconvenientes de migración y de comercio, no hay más camino que institucionalizar las relaciones entre la República Dominicana y Haití. Siempre, el acercamiento entre los dos países fue un juego de intermediarios o de ventajas políticas.
Las nuevas relaciones con Haití deben ser en torno a un protocolo de Estado, donde se fijen claramente las leyes migratorias y el intercambio comercial. Hay que abandonar la idea de muchos comerciantes de que el mercado haitiano es bueno, porque no hay el mínimo control de calidad.
Detrás de los problemas migratorios, se encuentran, en la mayoria de ocasiones, traficantes de seres humanos que usan a los indocumentados para llevar mano de obra regalada a la agricultura, la construcción y los servicios turísticos.
Las relaciones entre la República Dominicana y Haití no pueden estar regidas en base a encuentros de delegaciones de intelectuales o de burócratas, o de legisladores que buscan cámaras, sino de una acción entre los dos gobiernos.
Solo un proceso de institucionalización, en base a políticas de Estado, podrán normalizar las relaciones con Haití.
2013-08-28 03:03:36