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Por Manuel Hernández Villeta
Las relaciones con Haití tienen que ser normalizadas, y no dejarlas que sigan al buen entendimiento intra-personal. Haití es un país atrasado, fuera del contexto del siglo 21, pero no puede estar aislado de la geo-política dominicana.
De este lado de la frontera hay más de un millón de haitianos que trabajan, reclaman servicios de salud, comen, y quieren que se les eotorgue la carta de ciudadanía dominicana.
En todas las fronteras del mundo, el país que tiene más desarrollo, quiéralo o no, tiene que cargar con el pesado fardo de la nación más empobrecida y atrasada.
Haití no tiene gobierno, carece de instituciones, los sectores representativos están al filo de un machete, pero todavía en esa anarquía hay que sentar las bases de la convivencia pacífica.
Es de lamentar que las relaciones económicas con Haití sean explotadas por sectores comerciales de forma directa, sin la intervención del Estado. Comerciantes dominicanos venden a Haití mercancías, sin cumplir con todos los requisitos del comercio.
Esa informalidad trae problemas como el relacionado con los pollos, los huevos y ahora los plásticos. De haber una relación económica estructurada de Estado a Estado, habría determinadas cuotas de venta, de productos que se consideran esenciales suministrados a compradores del otro lado de la isla.
Pero no es así. Los comerciantes dominicanos tienen derecho a ir al mercado haitiano y vender allí sus productos, pero también tienen que comprender que no pueden seguir fomentando un mercado expontáneo, fuera de relaciones y reglas de juego bien definidas.
Haití es la República más pobre del continente, y uno de los países más atrasados del mundo, por lo que no se justifica que los productores de pollos y huevos dominicanos, sólo tengan acceso a ese mercado.
Hay que abrir mercados internacionales, sobre todo con las islas inglesas, donde muchos de los productos que elabora la República Dominicana tienen buena demanda, ademas de que llegan a precios de competencia.
Hay otros problemas de esas relaciones dominico-haitianas que merecen tratamiento individual, como es el caso de los emigrantes ilegales, y de los hijos de padres haitianos, nacidos en República Dominicana.
En cualquier caso, debe haber reglas de juego clara, y que los problemas no se traten como chismes de comadres con prejuicio racial, sino con soluciones de Estado.
2013-07-29 05:22:06