El Medio de Comunicacion

Opiniones

A Pleno Sol Miel y látigo

Por Manuel Hernández Villeta

La delincuencia en su etapa primigenia, está relacionada con el abandono social, el hambre y la miseria. Nace de la carencia de recursos para subsistir, y del camino abierto de satisfacciones monetarias que ofrece el lado oscuro de la vida.

Por suerte, al violador de las leyes solo le queda un camino, la cárcel o la muerte. A nivel individual, a los jóvenes se les debe instruir a transitar por el camino correcto, dejando a un lado los vicios y el fácil trepar en el árbol de la riqueza.

Pero a nivel colectivo, los jóvenes tienen los caminos cerrados, analfabetos o semi-ilustrados, y solo les queda el camino de entrar a la tierra del más fuerte, como reyes con coronas de hoja de lata, o de simples peones.

Para contrarrestar la delincuencia hay que ir a su origen, no a sus resultados finales, que se ven en los nuevos millonarios, la nueva carne de prision, o los inquilinos recién llegados al Cristo Redentor.

Lo he dicho en varios artículos y ensayos, tanto el de cuello blanco o el de pantalón raído, los dos son violadores de las leyes, pero hay diferencias de origen, procedimientos y métodos, entre el ladronzuelo de patio, y el ladrón de banco y finaciera. Lo dos imbuidos por el afán de conseguir dinero rápido, uno para una vida de principe, el otro para simplemente comer un bocado.

La zona rural, por el abandono ancestral, no es ya una lontananza de futuro para los jóvenes. La emigración del campo sirve para llenar las discotecas de nuevas prostitutas, y las calles de los sicarios, los soldados del microtráfico de drogas y los integrantes de las bandas más sangrientas.

Esa juventud no va a volver al campo, engañados por las luces, a pesar de los apagones, de la gran ciudad. Las soluciones para el tradicional campesino es darle facilidades técnicas y económicas para hacer producir la tierra, pero para los integrnates de los conos de miseria, tiene que haber otra realidad.

Vamos a combatir el crimen con la mano abierta de la solidaridad y la ayuda, para evitar que los jóvenes hambrientos y desesperados cometan su primer delito. De ahí en adelante, sólo se les puede aplicar la justicia, condenar a los que su crimen exija de reivindicación social, y si se puede reeducarlos.

Mano abierta en la prevencion, pero plomo y garrote a los que están curtidos en atentar contra la vida ajena. La sociedad exige miel y látigo. Cárcel y cementerio. Sin embargo, lo más importante, es comenzar con las medidas sociales para prevenir hoy el delito. Si se evita el primer robo de un joven, se ganará la partida.

2013-02-06 20:51:17