Por Manuel Hernández Villeta
La deportación de dominicanos que residen, legal o ilegal, en los Estados Unidos, es un dolor de cabeza al cual la sociedad tiene que buscar soluciones. La percepción de la calle, es que los que llegan esposados y con las caras auto-tapadas, son maestros de la delincuencia.
Muchos temen que esos deportados establezcan escuela de delincuencia en el país, con métodos tan sofisticados que la mayor parte de los agentes de la Policía no tienen los conocimientos y las técnicas para enfrentarlos.
Para hacer homenaje a la verdad, no todos los deportados son vendedores de drogas, asesinos o delincuentes. En Estados Unidos se sancionan violaciones del buen entendimiento social, que para los dominicanos al parecer no existen.
Violar una luz roja del semáforo puede llevar a la cárcel y a una deportación inmediata, al igual que la violencia ejercida contra la mujer y los menores de edad-
Pero no nos podemos llevar a engaños, la mayoría fue a la cárcel y luego deportado, por pisar terreno prohibido, y violar las leyes del país en que se encontraban, y que les debía merecer agradecimientos y respeto.
A los deportados se les debe dar una oportunidad. Muchos estuvieron años en las cárceles. Abrirles las puertas para que se reinserten en la sociedad, y se hagan hombres y mujeres de bien.
Pero nunca deben burlar a la sociedad, aplicando de nuevo la violencia, el robo y la venta de drogas. Tiene que haber un censo y chequeos periódicos, de los que vinieron deportados de los Estados Unidos.
Muchos de estos señores son maestros de maestros de la comisión de delitos y organización de bandas, por lo menos esa es la percepción del pueblo, y se les debe tener a soga corta, sin darles mayores libertades.
Por otra parte, en cuanto a la llegada de los militares a la vigilancia en la calle, creo que es un paso acertado. Los guardias todavía imponen respeto a donde llegan.
Pero esa misión tiene que ser por un tiempo corto. Es caer en las calles, mientras se van atendiendo a los delincuentes y desarticulando las bandas criminales. No se puede pensar que los militares se queden por siempre haciendo esta labor.
N soy partidario de que guardias se pasen a la Policía, ni de que la PN sea dirigida por un militar. Lo que debe haber es coordinación en las patrullas en las calles, y que los militares ayuden en derrotar el crimen y la violencia.
2013-06-07 03:15:08