El Medio de Comunicacion

Opiniones

A Pleno Sol Los corruptos

Por Manuel Hernández Villeta

La corrupción es un virus que afecta a la sociedad dominicana actual. Es difícil de controlar, y si vemos su impronta socio-política, nadie está libre de él. Lo dijo el prosista: aquel que esté libre de pecados, que tire la primera piedra.

El problema de los cánceres sociales, es que se encuentran metidos hasta el tuétano de los conglomerados donde expanden su veneno. Solo la amputación puede impedir su avance. Medidas tímidas crean la impunidad y la inmunidad.

La corrupción, en el último siglo, ha sido corazón y alma de la vida pública dominicana y tabla de sustentación de los partidos políticos que surgieron desde el comienzo del siglo 20, fortaleza del capital empresarial emergente, y botín de sindicalistas oportunistas.

Triste y amarga realidad. Para controlar la corrupción, se debe crear una sociedad nueva, con una visión de que la honradez y la pulcritud se deben levantar por sobre todas las cosas.

En este siglo 21 la corrupción es un fantasma, está presente en casi todos los aspectos de la sociedad dominicana, y lo más trágico, es que muchos que se tornan sus abanderados, han sido salpicados por sus pestilentes gotas.

El liderazgo de los partidos políticos dominicanos ha hecho todo lo posible por controlar y o erradicar la corrupción, pero a pesar de todo el esfuerzo, no ha sido posible.

Ello así por que hay corruptos y corruptores. Es como un crimen, allí se tiene al asesino material y al intelectual. No hay corrupto, sin que en las sombras se mueva un corruptor.

Y esa corrupció no está sólo en el área gubernamental, en la política, sino que en ocasiones nace en el sector empresarial, en el religioso, en el deportivo y en la mujer y el hombre de la calle.

El clientelismo político lleva a los ciudadanos a ser plausibles con la corrupción, pensando que su putrafacción le va a tocar y beneficiar. El empresario corrompe, para obtener mayores beneficios.

No se va a lograr detener la corrupción con discursos, con promesas o con deseos. No, la moralización de la vida pública exige que se corte la mano a los corruptos.

Pero hay ladrones de cuello blanco y otros de soleta. La justicia tiene un paño vendándole los ojos, para actuar con toda la imparcialidad posible. Pero las rodillas de la justicia se doblan ante el poder político, la furia sindical o los recursos económicos de los sangre azul.

Creemos que va a triunfar la lucha contra la corrupción, pero hay que sentar las bases de una sociedad nueva, para poder derrotar este flágelo. Se va a lograr, pero que nadie olvide que la corrupción está metida en el tuétano de la sociedad dominicana. Hay que amputar el miembro con cangrena.

2012-10-30 20:24:51