Por Manuel Hernández Villeta
El nuevo año escolar demuestra el poder de los dueños de colegios privados, y las fragilidades del sistema educativo nacional. Nadie tiene control sobre el negocio que es la enseñanza privada. La diferencia entre un colegio y un colmado, vistos los dos como negocios, es que haya un organismo regulador.
El ministerio de Educación es sordo y actúa en forma lenta cuando se trata de regular la educación privada. Puede haber globalización económica, pero la escuela, la educación, es una necesidad nacional y tiene que ser protegida.
En una ocasión se puso el uniforme único en escuelas y colegios, y los privados violaron esa disposición desde el inicio y nunca fueron sancionados.
Hay que unificar los libros de textos de la educación pública y la privada. A los padres de los niños y adolescentes que van a colegios les obligan a cambiar todos los años de libros de texto, a pesar de las promesas del ministerio de Educación de que eso se va a corregir.
Es obligación de Educación establecer las tarifas de los colegios, en base a calidad educativa, condiciones pedagógicas del local, la curricula de los profesores, y el área donde está enclavado, entre otros puntos.
No existe ninguna regulación que se aplique en torno a los precios que se paga por un niño que asiste a un colegio. Las tarifas no pueden ser colocadas unilateralmente por los dueños, sino que deben ser aprobadas por educación.
Hay que sectorizar los colegios por categoría. Se puede comenzar desde el uno hasta el cinco, y las tarifas ser fijadas de acuerdo con este renglón. Las deficiencias de la educación pública lleva a que muchos padres, aún y sin tener posibilidades económicas, inscriban a sus hijos en las escuelas privadas.
Tiene que haber control de los colegios religiosos, que trabajan como les viene en gana, y no siguen disposiciones oficiales, que en verdad son letra muerta. No podrá haber una buena educación nacional, si no hay reglamentos que la rijan. El Ministerio de Educación no puede estar de espaldas a esta realidad.
Cieto, que respetando los parámetros, el sector privado tiene un mejor nivel que el público, pero ello no puede llevar a que los responsables se pongan una venda y no apliquen reglamentos que ya existen.
Las deficiencias de la educación nacional, hace proliferar a los colegios privados, por lo que desde ahora debe cesar la indiferencia de los ministros y ponerse los guantes de pelea, para dar esta batalla de orden y protección de miles de dominicanos.
2013-08-19 03:31:06