El Medio de Comunicacion

Opiniones

A Pleno Sol Libertad de prensa

Por Manuel Hernández Villeta

Mis recuerdos iniciales en el periodismo se forjaron cuando ocurrían serias violaciones a los derechos humanos y a la libertad de información. Ni aún bajo la golpiza, la sangre o la muerte, se doblegó el derecho a informar la verdad a todos los dominicanos.

La libertad de prensa que hoy tenemos no fue un regalo, ni llegó por arte de magia. La lucha por informar enfrentó a reporteros con organismos de seguridad y a dueños de medio con el gobierno central, pero se mantuvo la libertad de prensa.

Ayer se venció la intolerancia, y hoy que hay plena libertad de prensa, es un tremendismo hablar de que corre peligro el ejercicio democrático y pluralista del derecho a la libre información.

Mis pininos en el periodismo tienen olor a sangre y polvora. Recuerdo cuando una madrugada me tocó trabajar con una nota en el noticiario radial donde laboraba, donde un sargento de la Policía era acusado de matar a cinco personas en Barahona.

La noticia parecía lejana, pero recobraba vida en la madrugada del otro día, cuando me dirigía a la calle 28, donde estaban situados los estudios de la estación donde laboraba, y en la calle Moca todavía quedaban residuos de la sangre de las víctimas de tan solo unas horas atrás, de un nuevo choque entre grupos de izquierda y agentes de seguridad.

En medio de ese panorama opresor y hasta tenebroso pase por emisoras pequeñas, los dos primeros años de lo que sería un ejercicio ininterumpìdo de comunicador, hasta llegar al dia de hoy.

Recuerdo que cuando tenía dos años trabajando en estaciones pequeñas, de las que reelaboraban los periódicos y pirateaban informaciones de otros medios, solicité trabajo en uno de los principales noticiarios de la época.

El primer día que asistí en plan ocupacional, el director me dijo: aquí la categoría del reportero se gana en las calles, con las transmisiones en vivo, con nervios de acero y sin miedo, si tienes miedo, deja esto y empapate de la crónica deportiva…

A media mañana, con los periodistas titulares en la calle y problemas de comunicación para asignarles un servicio, llega la información de que en la calle María Montés hay dos muertos en un choque entre grupos de izquierda y para-militares de derecha. El director me llama a su despacho y me dice….Esta es tu oportunidad de quedarte aquí.

Era la época de oro de las unidades móviles. A dos cuadras se escuchaba el tiroteo y comencé a transmitir mientras me acercaba al lugar. Frente a los dos cadáveres, y la suela de los zápatos sucia de sangre, por la móvil el director me da una orden…Tira la transmisión de inmediato, pero no apuntes nada en cuartillas, que los policías te la arrebatan…

Rodeado de agentes secretos con las metralletas sobadas, mientras se escuchaban los gritos de tres heridos, la transmisión salió al aire, y hoy recuerdo que mi única protección contra la barbarie era precisamente la información que se estaba difundiendo en vivo a todo el país.

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De estas experiencias de hace unos 40 años, hasta el día de hoy, se abre un amplio compás sobre lo que debe ser la libertad de prensa en el país. Talvez nunca como hoy, se ha vivivo un ambiente de tanta tolerancia en lo que se refiere a la libertad de prensa, llegando en algunos casos a la irresponsabilidad informativa.

No creo que hoy corra peligro la libre difusión de las ideas. La libertad de prensa de este país no se logró en salones con aire acondicionado, ni con saco y corbata, ni con los contables de los consorcios que son dueños de los medios informativos pasando balance a las ganancias, sino con sangre y sacrificios, de periodistas y de todo el pueblo.

Lo último que perecerá en este país será la libertad de expresión. Puede ser que haya medios informativos sometidos a la censura de los grupos económico que son sus dueños, pero se está fortaleciendo una prensa alternativa, donde no hay dobleces ni complacencia.

A pesar de los señalamientos que se hacen en el entorno internacional sobre la libertad de prensa en este país, hoy no hay peligro de que se ponga un candado a los labios de los dominicanos, o que se les amputen las manos, o se le corte la cabeza para que no piensen.

Hay exageraciones en señalamientos que buscan garantizar la libertad de prensa, hablando sobre violaciones a la misma. Cada día hay que vigilar el derecho a la libre expresión, pero el árbol del derecho a la libre difusión nunca caerá bajo el sable de un verdugo.

2012-10-17 03:53:58