Por Manuel Hernández Villeta
Los problemas y el desorden de los partidos políticos dominicanos no devienen de la falta de una ley que los norme, sino de la marrulla, del clientelismo, de la falta de moral y de venderse al mejor postor.
Cada partido político tiene sus estatutos, donde se norman las actividades de sus miembros y de sus dirigentes, y las fallas, está en que grandes y pequeños, ninguno cumple con su ley orgánica.
Una nueva Ley de Partidos puede ser interesante y servir para llenar los egos de los que la redactaron, o de los que le den su aprobación final, pero es un documento impráctico.
Ahora mismo hay suficiente marco jurídico constitucional para que se normen las actividades de los partidos políticos. La Junta Central Electoral tiene el mecanismo mediante el cual una nueva agrupación es aprobada o rechazada.
Inclusive se creó muy recientemente un tribunal electoral, por medio del cual se tienen que debatir los problemas políticos nacionales, incluyendo los enfrentamientos entre partidos.
No son los partidos y las leyes que los rigen lo que está fracasando, sino los agentes envueltos en la actividad política. Durante muchos años los partidos fueron dirigidos por caudillos, que eran la ley y el dedo, y ahora pichones de dirigentes quieren moverse como les venga en gana.
Se busca una nueva ley de partidos políticos, pero cuando hay problemas se acude a mediadores, dejando sin efecto al tribunal electoral. Cosas de donde la política es un juego que deja más beneficios que el beisbol.
Si se quiere aprobar una Ley de Partidos Políticos, adelante, pero se debe tener muy cuenta que la misma no va a solucionar los problemas que tiene el sistema. Lo primero es que se debe leer la cartilla del honor, de la moral, de la cívica, a una capa importante de dirigentes políticos.
Sino surje una nueva generación de políticos que piensen en el pais, en los intereses nacionales, en el bien colectivo, más leyes no perjudicarán, pero será más papel para tirar al zafacón del olvido.
2013-04-17 05:34:10