Por Manuel Hernández Villeta
Una Ley de Partidos Políticos es una acción buena y de aplaudir de acuerdo con el grito de las graderías. Las fallas del sistema político, no es por la falta de leyes y de reglamentos, sino por el clientelismo, la falsa moral y el trepar y dar saltos de clase de sus principales agentes.
Una Ley de Partidos es buena en el papel, pero carece de fuerza real y atributos dignos, si a la política van pillos a llenar sus bolsillos, sin importarle la suerte de la mayoría de los dominicanos.
No son los partidos políticos los que han fallado en los últimos años, sino sus principales dirigentes y seudo-líderes. Si buscamos, hasta los más pequeños de los grupos partidististas tienen estatutos y reglamentos, pero los mismos nadie los cumple, y se acciona por encima de disposiciones internas, sin que haya la correspondiente sanción.
La politica tiene como norte hacer dinero, sacar ventajas sociales y en muy pocos corazones y manos está pendiente todavía el bien común, pensar en los más necesitados y lograr una necesaria transformaciòn social.
Nada se va a conseguir con una Ley de Partidos si primero no se depura a los militantes y dirigentes de los grupos mayoritarios o minoritarios. El problema no es de letras, sino de mujeres y hombres.
Pocos de los que medran en la actividad política piensan hoy en que el gobierno debe ser del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Es una palabra hueca, para los buscadores de facilidades, que no saben quién la pronució ni cuál fue su destino trágico.
No creo que la solución a la crisis de los partidos políticos esté en una nueva ley. Es una tontería. Lo que se tiene es que sacar de la vida nacional a los hampones, a los prevaricadores, a los buscadores de canongìas, a los legisladores sinverguenzas….
Si recién hemos creado tribunales para enfrentar los problemas políticos, y no han pasado de ser burocracia para ampliar los pagos del Presupuesto Nacional. La solución a la crisis no está en el debate público y contradictorio, sino en las monsergas de un salcocho o un desayuno campestre, o los conciliábulos universitarios.
Una nueva ley de partidos políticos no sirve para nada. Lo único que adecenterá la vida política, será cuando se saque a los sinverguenzas de las posiciones de liderazgo, o de simple militancia.
2013-05-06 03:25:55