Por Manuel Hernández Villeta
El bi-partidismo es una tendencia difícil de vencer en la República Dominicana. Dos partidos políticos están llamados a dirigir el ruedo electoral, y las demas agrupaciones, a alinearse en torno a ellos.
Visto el panorama político nacional, es muy difícil que en tan solo poco más de dos años, se pueda organizar una tercera vía con las fuerzas suficientes para ganar las elecciones.
Además, una tercera línea electoral está condenada al fracaso porque vistos sus posibles líderes y programa, no ofrecerían nada, absolutamente nada, que no estén ya prometiendo los dos grandes grupos partidarios nacionales.
Lo único que facilitaría que masivamente los dominicanos se unan a una tercera opción, es que los organizadores de esa experiencia tengan un programa distinto, que se aparte de la línea que hasta el momento han bifurcado los partidos Revolucionario Dominicano y de la Liberación Dominicana; que hablen de evitar la rapiña empresarial y darle a la riqueza un rostro humano, mientras enfrentan la corrupción pública y del sector privado. Hechos, no palabras de juglares de plazas vacías.
Todos los que pugnan por organizar tercera opción tienen disparidades de criterio de sonrisa y de color de saco y corbata con los líderes tradicionales, por lo que ellos no son un certificado de que en verdad van a hacer algo diferente.
Por esta razón, las masas silentes prefieren a los dirigentes tradicionales, que han sido, son o serán, antes que correr la aventura con uno que prácticamente dice lo mismo, con un microfono diferente, pero que no ofrece mayores alternativas.
Y una tercera fuerza es necesaria en el país, pero no hay fuerza, no hay programa, no hay ideas, no hay autenticidad, en los que propugnan por nuevas alternativas, porque en verdad pertenecen a un recetario que la marcha indetenible del tiempo lo ha sepultado.
El bi-partidismo no se mantiene en la República dominicana por decision personal de sus principales auspiciadores, ni por leyes, ni por decretos, sino porque nadie da la cara con ideas nuevas, y con una acción para tratar de ir por otro camino.
¿Para qué hablar de cambios? Si es con músicos que tocan el mismo son, que se plantea realizar la fiesta. Una tercera opción política no permitiría la entrada de viejos dinosaurios, que ya deben estar únicamente en los libros de historia.
Puede surgir una fuerza nueva, y hasta olvidarse del mote de tercera, para unirse a los esfuerzos populares por cambios y una mejor vida. Puede, pero no se ve….
2013-12-30 03:37:07