Por Manuel Hernández Villeta
El país se congeló entre el golpe de Estado y hoy. Poco se ha avanzado en lo político y lo social. Los pasos de avance no se pueden interpretar como las letras muertas de los códigos, sino hacia donde camina la educación, la salud, la justicia, la distribución de las riquezas, el analfabetimo y el pleno empleo.
Como pasó en el interregno entre la muerte de Trujillo y el golpe de Estado, las riquezas se han ido a una pocas manos, y la marginalidad está en aumento. Para la gran mayoría, hoy hay más pobres que el ayer. No hay tierra de oportunidades, sino esperanzas que diariamente se marchitan.
El de Juan Bosch fue un gobierno efimero, que pudo haber tendido el puente hacia el progreso y el desarrollo, pero solo duró siete meses. De eso hace 50 años. La institucionalidad dominicana no pasa de ser un pedazo de papel inservible, que es violada a diaria, por cualquiera que tenga un dejo de poder.
En cincuenta años, el progreso dominicano se congeló, se quedó en un block de hielo. Pasaron generaciones esperando un cambio que nunca llegó. Del Golpe de Estado se pasó a gobiernos corruptos, y finalmente a un fracasado intento de otro golpe de Estado para volver a la Constitución sin elecciones.
Pero cuando son desveldos los militares que luchaban por ese retorno constitucional sin nuevas elecciones, pasan a entregar armas al pueblo y se da la revolución de abril. ¿Qué aportó la revolución en términos reales?. Muertos, muertos y nada más.
La revolución fue un intento fallido para que la institucionalidad y el derecho emergieran en la República Dominicana, pero no pudo pasar de las alambradas que tiró en las calles la soldadesca norteamericana.
Los panegiristas de la acción heroica de la Revolución pueden llenar estantes de libros hablando de su ejemplo y camino a seguir, pero en la práctica lo más llamativo es que sus efectos colaterales produjeron al gobierno de los doce años del doctor Joaquín Balaguer.
La juventud dominicana que salió con aires triunfalistas de la Revuelta de abril, perdió la cabeza en la carrera de los llamados desconocidos e incontrolables, que manejaban los hilos invisibles en el gobierno Balaguerista. En doce años no pasó nada, salvó decir que cayeron como héroes un grupo incontable de jovenes.
Seguimos congelados, en espera de redención. Nunca se ha hecho la autocrítica del accionar de los que enfrentaron el Golpe de Estado, o de los que tomaron el rifle en la revolución. A los golpistas y a los entreguistas ya la historia los juzgó. Su reivindicación ha sido posible, porque estamos en medio de un pedazo de hielo-congelados mirando las escarpadas montañas de Quisqueya.
2013-09-26 03:46:01