Por Manuel Hernández Villeta
La primavera árabe terminó en un baño de sangre en todos los países donde se escenificó. Tunez, Egipto, Siria, Libia, terminaron ahogados en nuevas dictaduras o una anarquía general.
Los Estados Unidos y las naciones europeas comenzaron con la primavera árabe, como una punta de lanza para salir de viejos dictadores que ya no les eran fieles, o para llevar una repartición de los recursos naturales de esos países del lejano oriente.
Salieron los dictadores de larga data, en medio de amplias movilizaciones de inconformes, pero llegaron al gobierno, caso de Egipto y Tunez, mulsumanes conservadores, pero no afectos de norteamericanos y europeos.
Las dictaduras militares, bajo la sombrilla de civiles titeres, se impusieron luego de un baño de sangre que cercenó las libertades que anhelaron las masas en las calles.
En Libia se sacó del poder a Gadafí con movilizaciones que terminaron en una cruel guerra civil, patrocinada por la Unión Europea y Norteamericana, que dejó miles de víctimas. Hoy Libia no pasa de ser un territorio sin orden, donde las milicias armadas se repartan áreas de poder.
En Siria los intentos de movilizaciones callejeras terminaron en una guerra civil, donde los Norteamericanos se han replegado al comprender que la opción al sacar a los gobernantes actuales, es que los más radicales de los grupos musulmanes tomen el poder.
En política la máxima expresión son las calles. Usted podría preferir los votos, que es lo ideal en la democracia, pero nada está por encima del pueblo lanzado a las calles pidiendo libertad. Temó que ahora se esté ensayando una primavera latinoamericana.
Esa opción política se podría desarrollar en los países donde hay gobiernos liberales y democráticos, como el caso de Venezuela, Ecuador, Brasil, Cuba, Nicaragua y otros.
Las movilizaciones en la calle es una fuente de poder, que de dormirse con ella, a un gobierno solo le quedaría una alternativa, aplastarla con sangre, o dejarse tumbar. El gobierno de Venezuela dejó avanzar mucho a estas movilizaciones y ahora por donde quiera que sea vea el panorama enuncia sangre y muerte.
Dejarse quitar el predominio de la calle, fue una falta de visión política de Nicolás Maduro. Los chavistas estarán en el poder, vistos estos acontecimientos, mientras le siga apoyando el cerro, o sea los sectores marginados y populares.
Si las mujeres y los hombres de los cerros se unen a las manifestaciones opositoras, comenzará la triste y sangrienta historia de la primavera latinoamericana.
2014-03-05 12:45:40