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Opiniones

A pleno Sol La ONU

Por Manuel Hernández Villeta

El mundo de hoy necesita de una organización que sin banderías, sin presiones, sin parcialidades, sin prejuicios, mantenga la paz. En el papel, esas son las atribuciones de la Organización de las Naciones Unidas, pero en la práctica no es así.

La ONU nunca ha podido mantener una imparcialidad total en sus decisiones, y cada uno de sus pasos los manejan las grandes potencias. Su sede central se encuentra en Nueva York, pero eso no indica que las intromisiones procedan directamente de los Estados Unidos.

A la ONU también le jala la soga la comunidad europea, y demás está decir el papel de veto de cualquiera de sus resoluciones que tienen China y Rusia.

Sin embargo, es lo más parecido a una organizaicón con prestigio internacional, para dirimir las diferencias entre naciones o guerras civiles. Por desgracia, más parece que la ONU tiene interés en ser graciosa a los países integrados en su Consejo de Seguridad, que a las naciones pobres.

En la asistencia internacional, en la ayuda a los necesitados, en los médicos sin frontera, en las campañas de alfabetización, y cuando hay desgracias de la naturaleza, la ONU está presente. Sería injusto no reconocerle ese esfuerzo.

Pero cuando su postulado falla, es al tratar la crisis política y económica internacional, donde no tiene imparcialidades, y mucho menos una línea objetiva.

Un organismo movido por el veto de las grandes potencias, y con las manos atadas a los bloques políticos y económicos del mundo, no es totalmente representativa, para buscar la paz.

La ONU, a pesar de sus fallas y sus tropezones, debe ser preservada como una institución que luche por la paz en el mundo. No hay otro organismo con esa fuerza, y es la única capaz de aglutinar a todos los presidentes de la tierra.

En el mundo de hoy, hacen faltas organismo con prestigio, para llevar a cabo labores de mediación, donde haya guerras civiles, o enfrentamientos armados entre países vecinos.

Dónde no hay la mediación, la sangre correrá como río desbordado, y no habrá nada ni nadie con la fuerza y la capacidad, para evitar que siga la violencia.

La presión de las grandes potencias sobre los organismos internacionales, los lleva a la inercia, el descrédito y su casi virtual desaparición.

Es el caso de la Organización de Estados Américanos, con mucho menos poder de independencia y autonomía que la ONU.

La OEA, a pesar de que su lema es defender a las naciones de America Latina, luce como un organismo postrado al poder imperial. Le quita esa acción la fuerza suficiente para que sea un ente de moderación, o un mediador de crisis.

Al estar siempre identificada con uno de los sectores en pugna, la OEA se encuentra en un callejón sin salida, dónde muchos no creen en su sinceridad y sus ejecutorias.

La República Dominicana conoce en carne viva la intolerancia, desde golpes de Estado, asesinatos y sobre todo dos intervenciones militares norteamericanas y una revolución o guera civil.

De ahí que conocemos bien la injerencia y parcialidades de la OEA. Saludamos los trabajos del foro de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y esperamos que se modernice y se ponga la toga de juez y mediador, el único organismo de alcance mundial para la lucha por la paz, que tiene la humanidad.

2012-09-26 05:28:47