Por Manuel Hernandez Villeta
La fragilidad de las instituciones dominicanas, y las fragmentaciones sin ideologías de los partidos, es uno de los cánceres principales del tejido social nacional.
Tan sólo hace contados meses se crearon nuevos tribunales que se encargarían de las litis entre los partidos políticos y organizaciones similares, lo cual llevaría las pugnas políticas a nivel de la institucionalidad, y no al surgimiento de los prestantes.
Pasa lo mismo con los conflictos obrero-patrionales; desde que hay el mínimo problema se echa a un lado la vía institucional, y se prefiere una mediación, que en la mayoría de los casos está tirando hacia un lado.
En lo político, lo síndical, lo social, lo comercial, lo que se impone es el principio de ley, lo que decidan los tribunales en juicio público y contradictorio.
Somos opuestos a que la Iglesia Católica, o cualquier otra iglesia, sea mediadora en conflictos políticos y sociales, salvo que haya una guerra civil. Y esa no es una posibilidad que pueda ocurrir een el entorno dominicano.
En última instancia, los integrantes de un partido político deben y pueden recurrir hasta la Suprema Corte de Justicia para litigar sus casos. Allí no puede haber mediación, sino apliciación de la ley.
En este país hay suficientes tribunales y altas cortes para aplicar la ley, por lo que es innecesaria la presencia de notables, o de iglesias, que con sus accionar se colocan por encima de las instituciones.
Si los partidos y la iglesia no tienen confianza en la justicia, entonces se está dando un mal ejemplo al ciudadano común y corriente, que podría comenzar a aplicar las sanciones por su propia mano.
Las mediaciones de la Iglesia en politica han sido frustrantes, no han dado resultados, o los grupos se conllevan por corto tiempo, y luego surgen nuevos pleitos. La mediación no puede suplantar los principìos de ley.
La lucha interna de los partidos políticos tiene que ser resuelta por los que militan en un partido determinado. Si las partes lo consideran de lugar, deben acudir a las cortes encargadas de llevar a cabo esos litigios.
En política, la división es parte del juego. Cuando dos fuerzas no tienen capacidad de movimiento y ninguna se saca la cabeza, como dicen los hípicos, la división es inevitable. Cada cuál puede emprender nuevas jornadas de lucha, buscando su futuro político.
2013-02-14 22:04:07