Por Manuel Hernández Villeta
La Iglesia católica dominicana necesita darse un mea-culpa. Purgar todos sus pecados. No pensar en las individualidades, sino en la carga de ejecutorias sociales. Fue una iglesia comprometida en épocas pasadas con la dictadura, con la represión, pero siempre salió adelante, y logró superar los entuertos, pero sin reconocer sus pecados institucionales.
La Iglesia de hoy tiene un nuevo reto, es levantar la verdad. Los pecados internos no pueden ser tapados, ni vistos como la comisión de un hecho individual. Algo está fallando a los católicos, y hay que corregirlo, al costo que sea.
La violencia sexual esgrimida por curas y altos funcionarios de la Iglesia Católica a nivel mundial, ha sido un escándalo sin respuestas. Se ha echado agua al vino y se dejó pasar a los que hicieron diabluras. No es el camino correcto, colocar hojas sobre la verdad, para evitar que brille.
Hay que aplicar todo el peso de la justicia terrenal, a los que cometieron pecados en la tierra. A los que usaron el nombre de Cristo, para prostituir su palabra y su pensamiento.
La iglesia no puede voltear la cara y decir que son echos individuales. Tiene que sancionar y rectificar caminos. A la cúpula eclesiástica le cuesta mucho levantar la verdad, se olvidan de la palabra divina…»Y conocéreis la verdad, y la verdad os hará libres».
El apañamiento de la violencia sexual contra niños ejercida por curas, tiene que ser sancionada, primero y ante todo, por las autoridades eclesiásticas. Tiene que haber una autocrítica. No está llegando el mensaje de redención, cuando hay curas perversos.
No se puede liberar al hombre nuevo de sus ataduras, ni abrir un camino a la esperanza, cuando los pastores tienen el tufillo de la concupiscencia y la corrupción a flor de piel. Hay que sacar a los pervertidos de la iglesia.
Pero la cúpula tiene que hablar. Los curas de malos pasos fueron educados por la iglesia, y sus pecados se cometieron dentro de ella. El primer latigazo tiene que venir de las manos de los seguidores de Cristo, sino habrá hipocresía.
Los pecados no se limpian porque se reconozca que un purpurado estaba en malos pasos. Por el contrario, muestra una institución irresponsable, que no ofrece redención al maltratado, ni le da la mano para que se levante, sino que le asea la sotana y el alma al victimario.
La Iglesia Católica tiene un compromiso con las víctimas, con los que creyeron en la palabra divina para confiar su suerte a un párroco, que resultó un depravado. La redención, la fe, la confianza y rodilla al suelo ante el cristo de la cruz, tiene que pasar por el castigo y el mea-culpa institucional.
2013-09-05 22:06:01