Por Manuel Hernández Villeta
La estabilización de la banca y el desarrollo marcroeconómico, significan puntos de avances de un país. Lo pueden sacar de un conglomerado en el sub-desarrollo extremo, conservando el más espantoso signo de miseria.
Opulencia y miseria. Son dos conceptos, dos acciones, que no chocan entre si, y qué son el mejor ejemplo del mundo desigual que estamos viviendo. Al chequear los informes económicos de los grandes consorcios, y de los principales bancos, hay que llegar a la conclusión de que el país da pasos firmes en su desarrollo.
La mayor parte de los inversionistas obtienen ganancias todos los meses, y la industria y el comercio se encuentran en un momento de expansión.
Hay una máxima escrita y no escrita, pero que se difunde entre los comerciantes de viejo cuño: las profundas crisis son las que impulsan las grandes ganancias y los inmensos capitales.
En la República Dominicana hay problemas económicos, propios de un país sub-desarrollado y de una crisis propia de la dependencia del gran capital internacional, sobre todo de los Estados Unidos.
La crisis que sacudió el mercado bursatil norteamericano no se sintió con fuerzas en la República Dominicana, y ni siquiera la incierta situación de europa, le golpeó de frente.
El colchón de la economía de un país sub-desarrollado son los pobres, y la desnivelada clase media. A ellos no les llega la riqueza, las ganancias y el capital que se distribuyen entre pocas manos. A los pobres únicamente les queda el hambre y la miseria.
A la clase media si que le corta la guillotina, porque tiene que manejar un velero en tiempos inciertos y no sabe en que esquina se encontrará con un escollo imposible de lidiar.
Pero la economía tiene una debilidad; la riqueza se atesora para una minoría, para capas privilegiadas, pero su mano de obra forjadora de riquezas sale de los grupos más desamparados y de la clase media.
De ahí, que el capital sin sentido social, está condenado a caer en profundas crisis, a veces insalvables, sino reinvierte en mejorar su entorno, y adecuar los niveles de capacidad técnica e intelectual de su comunidad.
Luego de prácticas que llevaron en algnos casos al precipicio, el Estado no debe ser el gran empleador, ni el gran desarrollista, sino el ente moderador, el compaginador, para que puedan subsistir todos los sectores.
La paz, llegara cuando se de esa gran armonía nacional.
2012-11-07 02:06:13