El Medio de Comunicacion

Opiniones

A Pleno Sol La Defensora del Pueblo

Por Manuel Hernández Villeta

Hace unos años me entregaron un proyecto de ley sobre el Defensor del Pueblo. Al legislador que me consultó le dije que me oponía a la creacion de esa institución, porque era meter más presupuesto, en un estamento que estaba sobre-protegido, pero que había que sincerizarlo.

Le dije que ya estaba la Procuraduria General de la República, La Suprema Corte de Justicia, la Cámara de Cuentas, Pro-consumidor, el Tribunal Electoral, el Tribunal Constitucional, entre otros.

La función principal de cada uno de estos organismos es defender al ciudadano, o los grupos que lo representan, en cualquiera de sus pedestales legales. Si hay fallas y hay ausencia de seguridad, es debido a la mentalidad de los hombres o mujeres que lo dirijen, no a la falta de leyes escritas.

Pero hoy ya está oficialmente creado el Defensor del Pueblo, y el rechazo debe ser parte del ayer. Tenemos que darle apoyo a la doctora Zoila de Medina para que pueda organizar un despacho que sirva para escuchar y proteger al pueblo.

Creo que entre Zoila Medina y el doctor Cruz Jiminián se presentaban dos caminos diferentes, y dos formas de ver al defensor del pueblo. Jiminián es un hombre que trabaja en un barrio caliente, donde se ha ganado el respeto por su labor de ayuda social, y de regeneración del delincuente.

De todos los aspirantes, era y es el que más sentido social tiene, y conoce a fondo la coyuntura social de los que protestan y nadie les escucha, de los que gritan y su voz se pierde en las cuadras de su barrio. Pudo ser la voz y el arriete de los que solo importan el día de las votaciones.

Doña Zoila representa un ala legal. Apegada a los reglamentos judiciales fue una fiscal de hierro, pero con la sensibilidad de tratar de ayudar con los niños de la calle, uniendo esfuerzos con instituciones de la iglesia católica.

El llamado que le hago a la nueva Defensora del Pueblo es que sea oído y corazón de los mudos sociales, que esté donde haya una injusticia, que deje caer su presencia donde el dólor oprime y la impotencia es aterradora.

Que no tome el camino de apegarse estrictamente a la oficina y los códigos, sino que escuche cuando una madre pide justicia para el hijo golpeado o muerto por la fueza pública; cuando en un barrio hablan de contaminación por parte de una gran empresa; cuando el poderoso levante su brazo para meter miedo al hijo de machepa, que le doble el pulso, y le diga aquí estoy yo.

Si ya está creado el Defensor del Pueblo, no lo dejemos en oficinas alfombradas, vamos a darle un baño a barrio, a cañada, a grajo, porque al que se tiene que defender es al que no tiene para pagar un abogado, al que carece de recursos para que la guagua lo lleve a la fiscalía.

Dejemos los problemas institucionales a las dependencias ya creadas, y que el Defensor del Pueblo quite la mordaza de los que hablan y nadie le escucha.

2013-05-17 05:06:28