Por Manuel Hernandez Villeta
El hombre, en su caminar, es producto de las circunstancias y de las coyunturas. Cada reto que se enfrenta es un camino con trayectoria sin definir, que tendría que ser bifurcada de acuerdo con el manejo propio de los acontecimietnos históricos.
Ningún hombre está por encima del bien y del mal. En cada instante de su historia personal se pone a prueba. De villano puede pasar a héroe, y de benefactor a verdugo de su pueblo. El pasado, si no está condenado, es un libro que puede ser superado.
El hoy papa Francisco está en el borde de la crítica de activistas de los derechos humanos, sobre todo en Argentina, por su papel en la etapa de la llamada Guerra Sucia, cuando los militares dieron el Golpe de Estado y asesinaron a miles de izquierdistas.
No hay dudas de que en situaciones de polarización como la que vivió la sociedad argentina, o se enfrenta el crimen, o se calla. La inercia es cierto grado de complicidad. Es dejar pasar, y dejar hacer, y volver la cara hacia otro lado.
La iglesia sudamericana y Argentina en particular, como institución, fue golpista y militarista, aunque ello no quiere decir necesariamente que todos sus integrantes fueran torturadores y violadores de los derechos humanos.
Si el nuevo Papa cometió un acto de cobardía al no enfrentar a los militares, los argentinos tenían, fuera de la pasion desbordada, que someterlo a juicio judicial o moral, lo cual no se hizo. Por consiguiente, al Papa hay que juzgarlo por la coyuntura que emprende hoy, no por huellas pasadas.
El Ché Quevara fue un héroe limpio, impoluto, intocable, sustentador y ejemplo del nuevo hombre latinoamericano, pero Francis Caamaño, el héroe por excelencia del siglo 20 y la historia moderna dominicana, fue un hijo privilegiado del regimen de Trujillo y posteriormente piedra ejecutante de los comandos de choque de la Policía.
Pero Francis Caamaño se reivindicó con su defensa del pueblo, con las armas en las manos. El hombre es producto de sus circunstancias, y en base a su accionar es que se le tiene que juzgar.
El Papa Francisco, que luce un hombre humilde y humano, tiene que ser ahora juzgado por su paso como jefe de la poderosa iglesia Católica. Su pasado, es su presente de ahora. Como hile su camino, será juzgado.
Si Francisco se levanta como un abanderado de los pobres, los desarrapados, los sin techos, los sin esperanzas, los que viven en injusticias, vamos a medirlo por eso. Si fracasa, la sanción histórica desentrañará y sancionará las viejas heridas.
El hombre es la fiera más cercana al dios Jano de las dos caras. Angel y diablo, bondad y maldad, belleza y fealdad. Como camine, (se hace camino al andar, dijo Antonio Machado), así se le debe de juzgar.
«Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar».
2013-03-15 16:43:51