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Opiniones

A Pleno Sol La Agroindustria

Por Manuel Hernández Villeta

En la mayor parte del siglo pasado, el desarrollo dominicano se movió en torno a la agroindustria, y básicamente a la producción de caña, y la cría de ganado.

En ninguno de los dos aspectos se dio un desarrollo real de libre competencia y capacidad empresarial, con una adecuación a los nuevos tiempos, sino que en base al proteccionismo del Estado se desarrolló una agro-industria con los pies de barro.

Cuando llegó la alta competencia, la oferta y la demanda, el ofrecer el mejor producto al público, esa agroindustria tradicional se fue al zafacón. Pocas sobrevivieron, y entonces comenzaron a surgir los monopolios.

Había condiciones de virtual esclavitud en los componentes de la agropindustria, fuera en la producción de sisal, de azúcar de caña, de cacao, de café, o la crianza de animales.

Marrero Aristy, que en algun momento se desfasó de la realidad y creyó tener fuerzas suficientes para poder desplazar a Trujillo, pinta un panorama descorazonador de la industria azucarera.

Sobre todo llama la atención, porque es la visión de un intelectual que se manejaba entre raíces rurales y la profesionalidad con líneas internacionales, y más aún, siendo un representante ilustrado de la industria azucarera privada.

Over podría ser un mea-culpa de un pensador que fue a foros internacionales, entre los que se encontraban las Naciones Unidas, para elevar su voz por el trato a los cortadores y sembradores de caña, mientras era el cerebro de los azucareros privados.

Dicotomías de la vida. Tomando en cuenta los hechos del 30 de mayo y como actuaron sectores ligados a Marrero Aristy, parecería ser que éste dio un paso adelante antes de tiempo. El hombre dentro de sus circunstancias, navegando en medio de una dictadura, donde no había tiempo para el pensamiento, sino para ejecutar órdenes.

La agroindustria dominicana, hasta antes de la revolución, era autosuficiente, y prácticamente la espina dorsal de la economía nacional. Al entrar la última parte del siglo XX desapareció el agro como factor primordial de la economía.

La industria azucarra y la boyada no tenían porque desaparecer. Se tenían que haber mezclado con los nuevos tiempos, y hoy serían de los factores empresariales más productivos del país.

El sector privado hizo modificaciones y ahora la ganadería y los lácteos dominicanos generan beneficios incalculables, mientras que con sus limitaciones, el sector privado saca millones de dólares de ganancias de la industria azucarera.

Trujillo, al momento de su muerte, deja un poderoso complejo agroindustrial, representado por los ingenios cañeros y su boyada, que era de las mejores de América Latina.

En un par de años después de la muerte de Trujillo, se comenzó a desguazar a los ingenios del Estado, cada quien a tomar una parcela para su usufructo, a saquear los potreros, y finalmente a entregar los campos que anteriormente estaban sembrados de caña a la industria azucarera.

Los ingenios no colapsaron, no quebraron, no se derrumbaron, fueron absorbidos por la corrupción sin límites, la mala administración, y los deseos del gran empresariado de manejar ese patrimonio del pueblo.

Ademas, faltó la tecnificación, por lo cual, a pesar de las advertencias sobre los edulcorantes artificiales, nadie tomó las medidas de pasar revisión a tiempo.

Y en el lado político, al llegar la guerra fría a su fin, los Estados Unidos dejaron de manejar la cuota azucarera como un sable político. El dulce de los campos caribeños dejó de ser un atractivo comercial, y se le abandonó a suerte del que tuviera mejor apetito.

Hoy se hace necesario que haya una labor de reingeniería de la agroindustria. Es una piedra fundamental en el desarrollo económico nacional. Tiene que ser manejada con la tecnología de hoy, con inversiones del sector privado y normas dictadas por el Estado.

Mientras la globalización lleva los mercados a estar a nivel de la oferta y la demanda, se hace necesario que una moderna y revitalizada agroindustria, comience a avanzar en el país, para dar nuevas fuerzas al campo, y evitar, entre otras cosas, las migraciones alocadas a las ciudades, con la formación de los cordones de miseria.

Sin mirar el pasado, se debe rescatar lo que fue positivo de la agroindustria tradicional dominicana, y lanzarla a los nuevos mercados del siglo 21.

2012-09-30 01:51:25