En pleno siglo 21 la intolerancia social o política es inaceptable. Poco importa que una persona o un grupito no crean en determinadas fórmulas ideológicas, eso no da el derecho a caer en el abuso y el atropello de las ideas.
En estos días hemos visto lo que produce el fanatismo y el abuso de poder. El dirigente de un equipo norteamericano de Béisbol fue flagelado, en el término de las ideas, porque se atrevió a exteriorizar sus sentimientos y dijo que admiraba a Fidel Castro.
El exilio cubano pidió su cabeza, y todavía no se sabe por cuánto tiempo seguirá siendo manager de los Marlins de la Florida. Inclusive se le llevó a una suspensión por cinco días, y la humillación llegó a que pidiera perdón frente a sus peloteros.
Si a un líder, como es el manager de un equipo de pelota, usted lo convierte en un saco de boñigas, entonces no podrán levantarse héroes deportivos para nuestra juventud, y los niños, hombres del futuro, solo verán como a un hombre por exteriorizar sus ideas, se le lleva al paredón de la barbarie.
Si los exiliados cubanos en Miami tienen confrontaciones con Fidel Castro, no pueden cercenar el derecho a la libre expresión. Es más, se está cometiendo una total violación de los principios fundamentales que dieron origen a la sociedad norteamericana, que es el derecho a la libre expresión y difusión del pensamiento.
Ozzie Guillén tiene derecho a opinar como le venga en gana, siempre que no acometa acciones que pongan en peligro la integridad de otras personas. Hoy, humillado frente a las cámaras de televisión, es una muestra de la intransigencia social, y el cercenamiento de las ideas.
Guillén, retractándose a la fuerza, es una víctima de un sistema donde la prepotencia se yergue con patente de corso, para ablandar las conciencias y llevar a los seres humanos a ser simples títeres, movido por hilos conductores que sólo buscan sus beneficios personales.
Nosotros levantamos el derecho a la libre expresión de todos los ciudadanos. Nadie tiene derecho a callar lo que siente. Las ideas se combaten con ideas, no con prepotencia y abusos, como lo hacen los exiliados de Miami.
Solo la verdad debatida publicamente, permitirá que se esclarezcan los hechos. Hoy por hoy, rechazando la prepotencia, hacemos valer el precepto cristiano de que «Conocéreis la verdad, y la verdad os hara libres».
2012-04-13 04:16:47