Por Manuel Hernández Villeta
En casi toda América Latina se dio la llamada generación perdida. En cada país se escogieron los años preferidos para olvidar, pero lo cierto es que se desató un fervor de la juventud, que terminó en actos heroicos, y luego el no recuerdo.
Es exageración y fuera de un contexto real considerar que la juventud de los 60 vivió una generación perdida. No fue así, fue una juventud que luchó a brazo partido contra los gobiernos golpistas, la intervencion militar norteamericana y tomó las armas en defensa de la nacionalidad.
Pero los grupos de izquierda a que pertenecían esos militantes no tenían un rumbo definido. Levantaron la bandera del patriotismo que ligeramente inclinaron los héroes del Movimiento de Liberación Dominicana, reivindicando los colores negro y verde del 14 de Junio.
Pensaban los muchachos catorcistas en cambios fundamentales en la sociedad dominicana, ambientado en el triunfo de la revolución cubana, pero el golpe de Estado al profesor Juan Bosch los lanzó a una lucha desesperada, que terminó en las montañas de Quisqueya.
Por razones de perspectivas político-histórica, en la República Dominicana no habían condiciones para un movimiento guerrillero, y poco pudieron hacer los rebeldes del 14 de Junio, antes de caer en un diciembre trágico.
Era en las calles donde se iba a librar la lucha por la libertad, primero contra el ejército acantonado en San Isidro, y luego contra los interventores militares norteamericanos. Pero la revolución, trajo la división.
Todos los partidos de izquierda que surgieron en la revolución se atomizaron en base a la ubicación de los polos del socialismo internacional, fueran pro-chinos o pro soviéticos. La lucha ideológica no se enmarcó en conceptos bien claros, sino en una alocada carrera por mostrar adherencia a patrones internacionales.
La izquierda dominicana jugó su rol, y no fue una generación perdida, aunque sus miras no estuvieran claras, y sin las fuerzas fisicas y populares, enfrentó a Balaguer.
Gran parte de la juventud pensante fue diezmada en los doce años, y los partidos y movimientos se continuaron atomizando, hasta su virtual desaparición.
Si vemos a esa izquierda en la perspectiva de hoy, fue todo un fracaso. Se perdió en el camino, no supo seguir el rumbo y su derrotero cayó y términó en el precipicio. Sin Balaguer, en una etapa de libertades, la izquierda se debió preparar para un frente amplio de lucha.
Pero no, la mayoría de sus dirigentes buscaron y se mezclaron a los partidos del sistema y adjuraron de sus principios. De ahí que no fue una generacion de jóvenes los que se perdieron, si no los viejos, los maduros que sobrevivieron al doctor Balaguer, a los que se puede etiquetar de sonámbulos.
Un proyecto de izquierda no es viable en la República Dominicana. No hay partidos, no hay dirigentes, no hay plataforma. Lo más que se puede dar es una lucha por reivindicaciones comunitarias, con organizaciones barriales y populares.
Las fuerzas de estos grupos esta supeditada a coyunturas muy episódicas, razon por la cual tampoco tienen la fuerza suficiente para cambiar la historia presente-
Los sobrevivientes de la vieja izquierda hoy son figuras decorativas, muchos militando en partidos del sistema, donde únicamente se les utiliza para hablar por la radio o estar presentes en los mítines.
La pluralidad de las ideas es la garantía de la democracia, y los sectores revolucionarios, los grupos progresistas y comunitarios, tienen que luchar por esas reivindicaciones sociales. El camino está abierto. Pero tienen los que se llaman dirigentes y militantes que hacerse la autocrítica.
Uno de los puntos más dolorosos de las izquierdas dominicanas es que nunca han sido críticas, y quieren continúar tomando caminos equivocados, aunque le lleven al despeñadero.
Un izquierdista que fue golpista de derecha y se hizo el harakiri ideológico habló de la farsa izquierda, y tenía razón. El abandono de hoy así lo demuestra.
Auto-crítica y crítica, como decían los viejos textos, ya en el olvido, de los jóvenes del sesenta.
2012-09-11 22:47:36