Por Manuel Hernández Villeta
El poder y el liderazgo son efímeros. La ola de la grandeza llega en un momento que puede parecer eterno, pero para un hombre, son sólos ráfagas en el devenir de la historia. Los poderosos de un instante, son desconocidos, cuando se hace el balance generacional, y solo queda polvo y recuerdo.
La mayoría de nuestros auto-proclamados conductores de masas son simples muñecos de cera, derretidos al calor del libre debate, o cuando se dan un baño a pueblo. Icaro por lo menos era idealista, que llegó a pensar que con unas alas de cera podía llegar al sol.
Las grandes revoluciones han llevado en su seno su destrucción, por las veleidades de sus soportes. La revolución francesa levantó la igualdad, la solidaridad y la justicia social, y se llevó a la guillotina a todos sus líderes.
Los políticos dominicanos, en el gobierno, en la oposición o en el centro, deben tener en su cabecera la biografía de Douglas MacArthur, entre otros libros. General que participó en tres confrontaciones militares, donde creyó llegar a las Estrellas. Estuvo en la primera y la segunda guerra mundial, doblegó y humilló al poderoso imperio japonés y tuvo su gloria y epitafio en la guerra de Corea.
Dentro del seudo-liderazgo se puede llegar a creer que se tiene tanto poder como un Dios, pero hay que conocer de estas flaquezas humanas. Un General de generales, que la historia solo lo recuerda por dos frases_ «Volveré», y «los grandes generales no mueren, sólo se esfuman».
Su Volveré dicho al llegar a Australia meridional, al salir de Las Filipinas, y la otra, parte importante de su último discurso: «‘Los viejos soldados nunca mueren; solo se desvanecen. Y como los viejos soldados de la balada, ahora cierro mi carrera militar, y simplemente me desvanezco».
La mayor parte del liderazgo político carece de conciencia y solidaridad, busca únicamente ventajas personales. Salir de la pobreza donde nació por un golpe de suerte, no por el trabajo enaltecedor. De ahí que muchas de sus caídas son tan traumáticas. Lideres de cera, que no resisten el calor de las masas.
Los hombres y sus grandezas tienen un final seguro. A un hombre puede que nunca le llegue la gloria, pero si pisa terreno de poder, debe saber que éste se acabará cuando menos lo espere. La grandeza no la da el poder efímero, sino la humildad, la solidaridad y la concertación.
2013-09-11 21:52:40