Por Manuel Hernández Villeta
Francisco es un nombre común para todos los latinoamericanos. En la historia religiosa está ligado a la pobreza y el convivir con los desamparados. Los Jesuitas constituyen una orden de luces y sombras.
Jesuitas han sido víctimas de la violencia militar, como ocurrió con un grupo de sacerdotes masacrados en la guerra civil de El Salvador. Pero también jesuita apoyaron a los gobiernos gorilas de las décadas 70 y 80 en América Latina.
El Nuevo Papa reconoce el apostolado de sandalías desechas y pantalones raídos que llevó a cabo Francisco de Asís, al llevar su nombre al ser posesionado como jefe de la Iglesia Católiva. También es jesuita, el llamado en muchas ocasiones ejército de la Iglesia, que fundó Ignacio de Loyola
De hoy en adelante el Papa Francisco tiene un pesado fardo sobre sus espaldas, que es llevar a cabo los cambios que necesita la iglesia católica a nivel mundial, y sacarla de la opulencia y la riqueza, y colocarla en la mesa del andrajoso, del desahuciado, del que espera escuchar una voz que clama en el desierto.
Para un Papa nacido en latinoamerica hay un gran desafío por delante. Para las grandes masas irredentas la Iglesia no vive en los grandes palacios, sino en el cura que le dá de comer, al que está a su lado cuando le golpea la injusticia, al que día a día dice estar presente con su ejemplo. Ese es Francisco, el de Asís
América Latina, Asia y Africa son las áreas de mayor crecimiento de la iglesia en decadas. Pero mientras más se adhiere a la fe en Cristo, también son millones los que padecen el yugo del hambre, de la opresión, del desconocimiento de sus derechos.
La iglesia no puede seguir siendo indiferente a la situación de una América Latina que no está representada en grandes palacios, en grandes riquezas, sino en los millones de refugiados de la miseria, de los niños que carecen de leche y de futuro.
La Iglesia Católica, como institución, en muchas ocasiones ha dado la espalda a esa mayoría, pero siempre en su seno, en su corazón, en sus entrañas, han surgido los curas de barrio, los sacerdotes de campo, los padres que se confunden con sus feligreses, y hasta ofrendan sus vidas para protegerlos.
En la República Dominicana tenemos ejemplos vivos de esos curas que defienden a las mayorías, muchos de ellos jesuítas. Esperemos los próximos meses a ver como la iglesia se integra a esa lucha por el hombre nuevo.
El camino del Papa Francisco comienza. Los problemas que va a enfrentar son viejos, pero el mundo exige soluciones nuevas, de hoy. Esperemos.
2013-03-14 19:59:09