El Medio de Comunicacion

Opiniones

A Pleno sol Esperanza en ristre

Por Manuel Hernández Villeta

La principal lucha y tarea que tenemos los dominicanos hoy, es no perder la esperanza. Mantenernos de pie, sin doblar las rodillas.

Cuando observamos el panorama nacional, en cualquiera de sus aspectos, hay fibras humanas que padecen y sufren. Crece el hambre, la miseria, el abandono social, la falta de empleos, la inseguridad, y sobre todo, la delincuencia.

Todos esos factores que mencionamos, si usted es agucioso, lo refunde en uno: la delincuencia, sea de cuello blanco o callejera. Si hay hambre, habrá desesperados que doblarán la rodilla ante el crimen.

Del hambre y la miseria salen dos situaciones o una revolución popular de los hijos de Machepa, o la delincuencia incontrolable, que lleva miedo y desesperación a todas las capas sociales.

De ahí, que si los dominicanos le cogen miedo a esa violencia que enlutece y ensangrienta sus calles, entonces todo se habrá perdido.

Pero tenemos la esperanza de que las medidas que se tomen para mantener la seguridad, puedan llevar cierta tranquilidad a la familia dominicana

Sin embargo, cuando se esboza un programa de lucha contra el crimen, hay que incluirle la parte social, la ayuda comunitaria, la regeneración de los pandilleros.

Los norteamericanos son expertos en darle esa cara humana a los pandilleros. A los bandidos del Oeste norteamericano, los convirtieron en comisarios, y a los motoristas desalmados de la Routa 66, los tornaron en guardianes de la ley.

La única forma segura de reducir la delincuencia en la República Dominicana es fortaleciendo un programa de pleno empleo, garantizando que aquellas que han estudiado en las universidades, en institutos técnicos o son simples bachilleres, tendrán donde ganarse la vida honradamente.

Cuando se cierran las puertas de trabajo, los segmentos sociales con el agua al cuello no se ahogan, sino que se tuercen y se van por el lado fácil del robo, las drogas y la prostitución.

La esperanza de un mejor país no se ha perdido. Pero se tiene que reconocer que junto con el equipamiento de la policía, hay que llevar las tres calientes a los más necesitados.

Si no hay unidad para hacer cambios mínimos y economicistas en la vida diaria, la delincuencia será incontrolable. Las desavenencias sociales y una distribución de riquezas que no es equitativa, se encuentran como los gérmenes principles de la violencia.

2012-11-29 20:41:09