Por Manuel Hernández Villeta
La especulación desbordada con los precios de las medicinas y los alimentos, hay que detenerla de inmediato. Es tarea difícil pero no imposible.
La principal dificultad para establecer controles, es que en la etapa de la globalización, los precios están a la oferta y la demanda, y es el mercado el que impone los niveles de competitividad.
En consecuencia, queda a la buena o mala fe de los comerciantes a que precio se debe vender un producto. Se podría, y se dá, el caso de que los comerciantes y procesadores se ponen de acuerdo para nivelar los precios.
El más perjudicado es el comprador. Con los precios a la oferta y la demanda, no hay un control efectivo en torno a ellos, por lo que se pueden vender a nivel de especulación.
Siempre he dicho que fue un gran desacierto eliminar la Dirección General de Control de Precios. Era un organismo que había perdido facultades, y los inspectores en muchas ocasiones se ponían de acuerdo con los supemercados o dueños de colmados.
Pero la solución no era desmantelarlo, sino colocar a su frente a técnicos y profesionales que fueran serios y respetuosos. Con su eliminación, se dio paso a la oferta y la demanda.
Ahora, es necesario crear un mecanismo que permita controlar los precios de los productos. El raz de mercado únicamente favorece a los grandes comerciantes, a los especuladores, pero al pueblo lo deja en el aire.
Hay un viejo aforismo de los comerciantes. Donde no se controla el peso, tampoco la calidad. En consecuencia hay dos factores en los alimentos y las medicinas que son preocupantes, no hay control de los precios, y muy poco de la calidad.
Hay instituciones que hacen labores de protección a los consumidores, pero son muy limitadas. No se puede multar a comerciantes porque subieron precios, de artículos que previamente no han sido sometidos al costo real de producción.
Por más buen trabajo que realicen las boticas populares y las ventas populares de alimentos, no llegan a toda la población, por razones técnicas, o sencillamente porque el consumidor no desea comprar en estos sitios.
Por consiguiente tiene que haber una guerra a la especulación. Los consumidores pueden elegir a quien comprar y a quien rechazar. Teniendo conciencia de donde invierten su dinero, se da un paso inicial contra la usura comercial.
2013-05-15 18:33:10