Por Manuel Hernández Villeta
Una parte considerable de los capitalistas dominicanos carecen de sensibilidad social. Lo demuestran con el trato a sus empleados y también con la no redistribución de riquezas a favor de causas que ayuden a mitigar el hambre y la miseria.
Es necesario que a esos inversionistas se les suavice el corazón, que dejen a un lado sus escamas de indiferencia y que también sean agentes del desarrollo, para beneficiar a la mayoría que en el papel nada aporta.
Debido a que voluntariamente no son agentes de apoyo social, a los empresarios se les debe llevar a que una parte de sus beneficios, vía cargas impositivas, sean destinados a verdaderos programas sociales.
En ocasiones se dan hechos aislados de fundaciones periféricas a las grandes empresas que hacen una ligera labor de conseguir un titular en la zona rosada de los periódicos, pero eso no funciona, se invierte mas en la propaganda, que en los beneficios a los supuestos destinatarios.
Lo ideal sería que el sector empresarial comprenda que las graves y grandes desavenencias sociales, pueden provocar estallidos, pobladas y hasta revoluciones, donde los más perjudicados son los menos que más tienen. Por eso, la compensación para eliminar rasgos de pobrezas, es el mejor equilibrio que puede tener la democracia.
Para vivir en democracia no solo se debe poder estrujar la palabra en los periódicos, sino hacerla realidad y su primer paso es el derecho a la educación, a la comida, al trabajo, a una vivienda digna y a vivir de acuerdo a lo mínimo que necesita un ser humano.
Una parte del empresario es sordo a las demandas de la población de comida, trabajo, asistencia médica y hasta un techo para vivir. De acuerdo con las expresiones de muchos, eso es competencia de los gobiernos.
En un medio de libre empresa, tiene que darse una coordinación entre el gobierno y los empresarios, para que esos programas sociales se puedan desarrollar en forma equitativa, y que dejen de ser foto y espacios en los medios de comunicación.
Ya hay una castración de las ideologias, donde el gobierno del proletario es una consigna del pasado, y donde hoy la lucha de millones de personas es puramente economicista.
En consecuencia, el momento es propicio para que haya una revisión de la forma de operar de ese empresariado que no demuestra tener sensibilidad social, y siempre en lo único que piensa esa en atesorar riquezas, y a los demás, los sitúan en la tierra del olvido y la indiferencia.
2013-08-20 20:49:12