Por Manuel Hernández Villeta
En los Estados Unidos El Defensor del Pueblo es una figura que está por encima de personas y grupos sociales y empresariales, y solo responde a su conciencia. Enfrenta desatinos del poder económico, social y militar. Falla cuando se cree por encima de la institucionalidad.
En las manos de un funcionario todopoderoso, inamovible, juez y fiscal al mismo tiempo, tiene que haber mucha dignidad y respeto a la institucionalidad democrática, para que no se convierta en una rémora de dictador, o una punta de lanza partidaria.
Un paso en falso con la designación de la mujer o el hombre que teoricamente se encargue de defender al pueblo sería dar un salto al vacío. En la República Dominicana se está forzando la llegada de un defensor del pueblo, y ello es peligroso.
No hay fuerza institucional en el país para dar poder sin elección popular a un hombre o una mujer, el cual no puede ser removido del cargo en seis años, y que está por encima de los designios de los tres poderes fundamentales de la nación.
Seguir el modelo norteamericano y europeo de crear a la carrera a un defensor del pueblo, es una muestra de que las instituciones dominicanas son de cartón, y que tienen las piernas totalmente destruidas. Son de barro y gelatina, sin fuerzas para mantener las columnas de la democracia.
El puesto de fiscal tiene la categoría del defensor del pueblo, de hecho es el representante de la sociedad en cualquier juicio. También están los jueces, la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional, la Cámara de Cuentas, el Tribunal Electoral y un poder sin elección que es el Consejo Nacional de la Magistratura.
Si con todos estos sectores la sociedad no tiene quien la defienda, entonces vamos a cerrarla. ¿Hay que crear un nuevo cargo con un presupuesto superior a los 200 millones de pesos anuales, para que cumpla con la labor que los otros no han podido realizar?.
Se está creando un nuevo poder con el defensor del pueblo, por encima del Presidente de la República, de los diputados, senadores, síndicos y todos los que han sido electos por el pueblo. Todo ese poder tenía que ser considerado a través de elecciones directas, y no mediante la opinión de legisladores.
Los nominados para el Defensor del Pueblo, mujeres y hombres, son personas honorables, de las que no tengo reparos de su dignidad personal y profesional, me refiero a la piedra institucional que es crear un cargo que está por encima de todo el mundo en la sociedad dominicana.
Me huele que el destino final del defensor del pueblo, es que o levanta vuelo como Icaro y se le queman las alas en corto tiempo, o es maniatado por los poderes económicos, sociales y políticos y pasa a ser una burocracia institucional.
No tengo esperanzas en El Defensor del Pueblo. Es una muestra de que las instituciones dominicanas están edificadas sobre arena movediza.
2013-04-13 03:07:09