Por Manuel Hernández Villeta
Los cambios recientes realizados en el área de la educación, lucen importantes, pero no garantizan que mejore el sistema de enseñanza en el país.
Paulatinamente, y mientras muchas autoridades volteaban la cara, la educación se ha convertido en un gran negocio, de los libreros, de los dueños de colegios, de los religiosos que tienen colegios y de los maestros que se han burocratizado.
No son ordenanzas ni disposiciones de escritorio, los que pueden motorizar a la educación nacional, sino eliminar las rémoras que hay en torno a este estamento. Lo primero es acabar con una burocracia de los maestros, que los aleja de ser conductores de las nuevas generaciones.
Para que cambie la educación en el país, hay que comenzar con las mujeres y los hombres que trabajan en el área. El maestro y la maestra perdieron la mística. Piensan solo en el sueldo que ganan a fines de mes, o en las reuniones del gremio que los agrupa.
La pobre preparación de los estudiantes que salen, sobre todo de las escuelas públicas, se puede ver cuando se revisan sus mascotas. Las faltas de ortografía son increibles. En las universidades tienen miedo de admitir directamente a estos bachilleres-
En una ocasión la UASD trató de remediar la situación , con la demagogia de otras épocas, creando el Colegio univesitario. Una barbaridad. Facilitó nuevos empleos, teoricos se calzaron chancletas, pero no resolvió el problema.
Lo que se tiene que implementar es la baja estudiantil. El que no puede entrar a una universidad, que se vaya a una carrera técnica, donde podrá también dar su cuota de ayuda al desarrollo nacional.
Pero la educación está coja mientras no se toquen sus llagas: mejor capacitación de los profesores, revisar la importancia de muchos libros de textos, eliminar las pruebas nacionales, y poner énfasis en la enseñanza-
No se va a lograr llegar a metas, porque se establezcan escalas que no se corresponden con la realidad. Los bachilleres de los colegios principales del país salen para las universidades a los 16 años, mientras que los de escuelas públicas casi siempre están entre los 19 y 20 años.
A la escuela hay que someterla a una revisión total, y para ello hay que llevar una quillotina y alejar de los planteles a todo el que sea un obstáculo. Para avanzar, el camino es de lucha y secrificios.
2013-10-04 03:31:17