Por Manuel Hernández Villeta
La economía es una veleta y una voluta. Nunca hay nada seguro. Un golpe de mercado, se lleva una fortuna al zafacón. Un movimiento de las bolsas europeas o norteamericana, podría ser una ruina total.
Lo más traumático de la economía, es que pueden coabitar el rico y el pobre. Es más, sin ricos no habría pobres, y sin pobres no existirían los ricos. Son una compensación, una moneda de doble cara.
Donde hay gran florecimiento económico, se presenta el mayor sub-desarrollo imaginable. No hay igualdad en los resultados económicos, la diferencia es grasa, por la mala distribucion de las riquezas.
El gran capital surje a contra pelo del abandono social. Las injusticias se incuban, donde unas pocas manos lo atesoran todo. La riqueza con rostro humano, siempre ha sido uno de los anhelos de los libre-pensadores, pero se ha cumplido en pocas ocasiones.
La República Dominicana es una tierra de desigualdades, donde hay niveles de susbsistencia, pero grandes capitales, que llevan sus ganancias a los bancos norteamericanos o europeos. Nunca se ha dado una justa distribución de riquezas en el país.
Las principales divisiones de la sociedad, no vienen por el color de la piel, o la forma de pensar, sino que se acuñan por las desigualdades económicas. Poco importa el segmento social que se esté viviendo.
La esclavitud fue un punto de desarrollo de ese atesorar de riquesas salvaje. Mientras había seres humanos sin derecho siquiera a la vida, y subsistiendo por debajo de los animales, los esclavistas tenían grandes plantaciones y vivían en una permanente ilusión.
Llama la atención que crece la miseria dominicana, mientras las grandes plazas comerciales y los bancos publican en los periódicos lo floreciente de su ejercicio fiscal.
Estamos condenados a la muerte paulatina. Más hambrientos y más ricos. Es una constante amarga, que forma parte de la realidad de la vida de hoy. Lo trascendente sería que se lleve la equidad social a esa riqueza, que sin justicia restriega la miseria en las caras de millones de hambreados y desposeídos. No puede haber paz permanente, donde no hay distribución equitativa de bienes y riquezas. Ahí se incumba la violencia, sea social o de rufianes de atraco callejero
2014-01-31 13:00:52