Por Manuel Hernández Villeta
Hace muchos años, cuando en cualquier esquina de Santo Domingo aparecía el cadáver de un luchador revolucionario tirado en las calles, y se achacaba graciosamente el hecho a fuerzas desconocidas, la Universidad Autónoma de Santo Domingo era el faro de la libertad nacional.
Contra los excesos de poder, los atropellos, la dictadura ilustrada, allí estaba la UASD de frente y sirviendo de apoyo y sustentación de los derechos y las ansias de libertades de los dominicanos.
La llegada de las libertades públicas tenía que catapultar a la universidad Estatal a nuevos caminos, a buscar nuevas sendas de debatir los problemas nacionales, sin tener que caer en la intolerancia.
Al abrirse nuevas sendas de progreso, y ponerse fin a la noche negra de las violaciones de los derechos humanos, la UASD tenía la obligación de aplicar reformas internas y adecuarse a los nuevos tiempos.
Algo falló en la academia. Sus estudiantes eternizaron allí su presencia, sin deseos de salir y petrificados en el pasado, mientras que sus autoridades lucían complacientes con un estado de anarquía que los llevaría a la tumba.
Hoy, se hace necesario que se de una evaluación profunda de esa crisis univesitaria, que se mantiene entre estudiantes, profesores y empleados, que quieren mantener un co-gobierno universitario que ya es totalmente imposible.
Tiene que haber una sola autoridad, la del Consejo Universitario sintetizada en el rector de la academia.
Una universidad es un faro de enseñanza y de divulgación de los adelantos científicos, y no puede estar aposentada en la anarquía, el bandidaje de seudos estudiantes, y sobre todo de la falta de autoridad.
La educación superior, universitaria, en países sub-desarrollados como la República Dominicana constituye un privilegio. La masa de analfabetos o que apenas saben leer y escribir, está por encima de la población.
De hecho, hay tantas lagunas, que se torna imposible obtener datos verídicos en estos momentos sobre los cientos de miles de dominicanos que comienzan los estudios primarios, y los abandonan antes de llegar al bachillerato.
Asimismo, son tambien cientos de miles los que no tienen la mínima oportunidad de inscribirse en el primer curso de la escuela primaria, y pasan toda su vida sin saber leer o escribir.
Por lo tanto, llegar a un aula univesitaria, pagando poco dinero y teniendo otras facilidades, es un gran privilegio. Los estudiantes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo no están aprovechando esta ocasión.
Se hace necesario que haya una evaluación profunda de la forma en que está operando la UASD, donde una mayoría de estudiantes son presas de las maquinaciones y actos anárquicos de la minoría.
Asimismo, parecería que las autoridades están de manos atadas frente a esos grupos de empleados y estudiantes eternos, que quieren sembrar en esa academia, la anarquía profunda, y vivir fuera de cualquier posibilidad de orden y disciplina.
La UASD puede volver al orden, pero se hace necesario que sus autoridades se pongan los pantalones, y salgan a defender los principios básicos y fundamentales, de lo que tiene que ser una academia moderna.
Hay que tomar esas medidas heroicas, antes que perezca la UASD como faro del progreso y la cultura nacional.
2012-08-23 22:41:53