Por Manuel Hernández Villeta
Las grandes potencias juegan a la hipocresía, cuando se trata del control de las armas de fuego. Alientan la venta de fusiles, pistolas, ametralladoras, armamento pesado, por millones de euro y dólares, y al mismo tiempo propician que en los foros internacionales se debata la prohibición de esos artículos de muerte.
Una de las principales industrias que reportan grandes beneficios a las grandes potencias es el comercio de armas; llegan inclusive a vender pertrechos de guerra a sus enemigos, a dos bandos encontrados, e incluso, aupan guerras civiles para ampliar los negocios.
No hay una clara intenciòn de un desarme mundial, regional o de un país determinado, porque lo mercurial está por encima de cualquier consideración. Una de las industrias de mayor peso en los Estados Unidos es la armamentista.
En la crisis actual, la industria de la guerra está supliendo a los norteamericanos de una columna para hacer frente a su situación de inestabilidad, pasa lo mismo con Europa. Las guerras del tercer mundo y la Primavera Arabe significan la venta de millones de dólares y euros en armas.
Las armas son instrumentos manejados por una mujer o un hombre. A quien hay que educar en el respeto al derecho humano, a la vida, a la integridad de la otra pèrsona, es al que tiene poder o autoridad, al ciudadano común confundido.
Se habla de la peligrosidad de un arma de fuego, pero los norteamericanos llevan a su juventud a participar en guerras sangrientas en Afganistán, en Irak, en Somalía y en otras partes del mundo, lo cual hace imposible que puedan esperar tener paz interna.
El joven conquistado por el servicio militar que va a la guerra, retorna hecho un carnicero a su patria. Para él, ya se perdió el respeto a la vida humana, y las atrocidades de la guerra le acompañarán por siempre.
Es de una clara hipocresía la lucha por controlar las armas de fuego en los Estados Unidos y Europa, porque a su juventud le están enseñando a matar y a abusar y desconocer los derechos de los débiles.
En la República Dominicana debemos seguir ese ejemplo. Hay que levantar la consigna de que a cada dominicano se le enseñe a respetar la vida humana, a ser solidario, a no abusar de su posición y en especial, a comprender que el respeto al derecho ajeno es la paz.
Si no inculcamos a cada ciudadano que la vida es intocable, que el abuso y el atropello no se pueden permitir en una sociedad civilizada, la violencia continuará con armas de fuego, con cuchillos, con machetes, con palos y hasta con cuchillos de goma.
No son las armas de fuego nuestro problema, nuestro eterno dolor de cabeza es la deshumanización del hombre. Es no tener respeto al derecho a la vida. Nuestra sangre se derrama no por el accionar del revólver, sino por la prepotencia, el engreimiento y y el atropello de los que se creen que están por encima del bien y el mal.
2013-04-04 21:44:15