Por Manuel Hernández Villeta
El derecho a la vida, y al florecimiento de las instituciones, es un Don que está lejos de ser otorgado a los dominicanos. La primera violación al derecho a la vida, es no tener la comida segura. Donde hay injusticias sociales, la Constitución es un simple pedazo de papel.
Un hombre hambriento vende su libertad por un mendrugo de pan. Sus grilletes económicos y sicológicos le tapan los ojos para ver de qué está conformado el libro de la Constitución.
La primera opción de la Carta Magna exige que se respeten los derechos inalienables del ser humano. Con la Constitución pasa lo mismo que con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Sus principales violadores son los que dicen defenderla.
Para Joaquín Balaguer, déspota ilustrado, no había Constitución, no porque la considerara un pedazo de papel sanitario, sino porque no le tenía respeto a la vida humana. ¿Qué puede ser más importante que el derecho a la vida?.
Sin equidad social, no podemos hablar de respeto constitucional, porque es letra muerta impresa en un papel. Donde la justicia se dobla, por presiones económicas, políticas y sociales, ¿qué puede ser la Constitución?.
Si organismos internacionales como el BID, el FMI y otros, son los que dictan la política económica nacional, la Constitución no pasa de ser un libro que nadie lee.
Es fácil hablar de la Constitución con lenguaje vacuo, pero sin haber preocupación real para la forma en que vive una mayoría de los dominicanos, solo estamos jugando a vender una quimera.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre fue esgrimida por muchos como un libro de almohada, pero todavía a mitad del recién transcurrido siglo 20 las potencias europeas esclavizaban a naciones de Africa y de Asia.
La Constitución tiene que ser la norma de la vida dominicana, pero no en base a las frías letras que están en un librito finamente editado, sino en la igualdad social, en la apertura del mercado de trabajo, en garantizar el derecho a la vida, y sobre todo, que no se pongan limitaciones al desarrollar social y personal.
Al triunfo de la revolución francesa, las convulsiones del momento llevaron a uno de sus héroes a considerar la Constitución un simple pedazo de papel, por debajo del poder del sable, con la sangre de Robespierre y Danton corriendo a borbotones a los pies de la guillotina.
Todavía es solo una frase, la idea inmortal de Abraham Lincon de un gobierno por el pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Luchemos por cambios sociales y políticos, para que la Constitución deje de ser un simple pedazo de papel.
2012-11-04 15:00:57