Por Manuel Hernández Villeta
El liderazgo político nacional colapsó, se quedó a medio camino, o sencillamente se evaporó. Los partidos políticos no pueden funcionar donde la dirigencia es de barro.
El sistema de los partidos políticos no ha sido puesto a pruebas en la República Dominicana, porque no se ha logrado su plena institucionalidad.
Los partidos responden regularmente a una política clientelista, donde se hacen esfuerzos para conseguir votos electorales, no van más allá, no buscan reivindicaciones ni cambios mínimos, de acuerdo a la evolución de los tiempos.
Pero los partidos de por si son un cuerpo amorfo, sin vida propia, lo que le insufla la sabia, la sangre, la existencia, es la determinación de sus dirigentes. Un grupo político sin una cabeza pensante arriba, individual o colectiva, está condenado al fracaso.
En consecuencia no son los partidos dominicanos los que han colapsado, sino que la mayor parte del liderazgo nacional no se ha podido graduar en la carrera política.
No pasan de ser pigmeos, en busca de pavesas, sin carisma y sin capacidad de movilizar masas.
A quien hay que renovar no es tanto a los partidos políticos, sino a su huera dirigencia. La mayor parte de los grupos partidarios, grandes y pequeñas, tienen estatutos y reglamentos, que nunca se han cumplido.
No es culpa de un cuerpo amorfo, que a sus estatutos no se les de vida representativa.Si la dirigencia es paralítica, no se puede pensar en instituciones que sean fuertes y representativas.
Una ley de partidos políticos es intrascendente, porque se trata de un documento más, para ser colocado en un anaquel. Lo que hay que forjar es una nueva capa de dirigentes sociales y políticos.
La República Dominicana está hoy huerfana de líderes. Está cansada de viejos robles que ya deben estar pensionados y atendiendo a sus nietos, y no buscando liderazgo que deben traspasar a las nuevas generaciones.
Pero se necesitan jóvenes con mente del siglo 21. La mayor parte de los jovenes que tercian en la vida política nacional están adocenados por los cantos de sirena de los señores del pasado.
Hay que renovar a los hombres y mujeres que hacen vida política, para que cambien las instituciones donde se aglutinan. Primero el ser humano, y luego los nombres de los grupos que le dan fe pública.
Los viejos robles al zafacón del olvido, y formemos lideres que piensen en el siglo 21, en el mundo de hoy y que no esten castrados en el pasado.
2012-11-26 22:21:57