Por Manuel Hernández Villeta
Cuando se llega a un cargo público, sobre todo de orden y ley, hay que contar con amigos, para poder hacer frente a los enemigos que genera el mando. No se puede estar sin amigos, cuando se está a la cabeza, y los enemigos, los trae la postura correcta de trabajo.
Cuando se trabaja para beneficio y protección de la comunidad, hay que partir de que todos son amigos, los de dentro y los de fuera, y que la mejor tarea es la que se lleva conjuntamente con agentes y civiles bien intencionados.
Los enemigos van a surgir gratuitamente, el mismo ejercicio de áreas de poder, lleva a la envidia y la enemistad. No se pueden evitar. A veces cada orden, cada disposición, cada ejecutoria, va abriendo senda para hacer nuevos enemigos.
Lo que no se puede confundir es la amistad con las facilidades personales para usufructar áreas de poder. Ser amigo es una cosa, y utilizar las vías del mando para favorecer a conocidos, es otra.
Lo que no puede haber nunca son intocables que tocan, permeables a la corrupción, al trabajo a desgano, a enriquecerse ilicitamente, o ser agentes de atropellos y violaciones de los derechos humanos.
Las malquerencias por las órdenes, o se callan, o se muerden los labios y crujen los dientes, o se van para sus casas. No hay término medio. Se aceptan o se esfuman las críticas.
La Policía necesita reformas urgentes, modernizacion institucional, capacitación de sus agentes. No es una reforma de vistas públicas, donde la sociedad civil quiere participación, y otros desean llevar a los agentes a votar en las elecciones nacionales.
La principal transformaciòn tiene que ver con aumentar los grados de capacitación del personal, aumentar sus salarios en una perspectiva digna, respetar los méritos ganados con el trabajo, mejorar los niveles de vida y acabar con cualquier atisbo de corrupción interna.
De cara a la calle, la Policía tiene que aprender la cartilla de que su función principal es ser auxiliar de la justicia, tiene que ser respetuosa de los derechos humanos; la paz y la tranquilidad que se busca con la eliminación de la violencia callejera es para beneficio del pueblo, por lo que nunca se le debe irrespetar.
Fin y principio. El pasado jefe de la Policía realizó una buena labor, teniendo sobre sus hombros la carga de una lucha permanente contra una violencia que hoy luce casi indetenible. El nuevo, tiene que continuar esa obra, y establecer su propia forma de trabajo.
Acabar con la delincuencia, dentro y fuera, y respetar los derechos humanos de los ciudadanos, es la principal obligación de las nuevas autoridades policiales. Hay que llevarla a cabo con amigos y con enemigos.
2013-06-27 04:09:26