Por Manuel Hernández Villeta
Las nuevas cargas impositivas son casi una realidad. La conformacion de nuevos impuestos tiene que ser ampliamente consensuado entre todos los sectores políticos. El gobierno debe continuar reuniéndose con voceros de cada uno de los estamentos sociales.
En primera instancia se prometió que no se van a alterar los precios de los comestibles de primera necesidad. Una de las mayores preocupaciones, es que puedan ser reajustados los alimentos que consume la capa baja de la poblacion.
Pero los precios de los colmados es un efecto colateral. Los grandes consorcios regularmente no pagan los impuestos de forma directa, o de sus ganancias, sino que se lo cargan al consumidor.
Cuando a los grandes procesadores de arroz, salamí y leche se le cargan nuevos impuestos, automáticamente ellos derivan esas evaluaciones económicas a los consumidores.
Aunque en los colmados no se dan notificaciones de cobro de ITEBIS, el producto ya viene gravado desde el procesador, y será el consumidor final que conocerá sus estragos.
De ahí que hay que consensuar la forma de aplicar impuestos a los procesadores de productos alimenticios, para que por carámbola no vayan a perjudicar a los consumidores de menores ingresos.
Junto con esta reforma impositiva, se deben apretar los mecanismos contra los evasores de impuestos; los empresarios que atesoran grandes ganancias y ni siquiera buscan la forma de cumplir con el fisco.
La creación de nuevos impuestos, de cargas impositivas que van a hombros de los mas pobres, es un dolor de cabeza para cualquier gobernante.
El Presidente Danilo Medina ha dicho que es un trago amargo tener que aplicar una reforma fiscal en este momento. El trago amargo se debe evitar.
Somos partidarios de que las reformas fiscales se hagan el próximo año, y tratar de que golpeen lo menos posible a los pobres.
Ello será imposible. En la macroeconomía se le ponen impuestos a los fabricantes de embutidos, y se piensa que ello no llegará a los pobres.
Pero el desatino es que cuando se va al colmado y se pide un trozo de salchichon, el producto de buenas a primeras sube quince pesos la libra.
El impuesto viene rebotando desde arriba y no es el fabricante, el procesador que lo paga, sino la poblacion, sobre todo la más pobre, la que más consume artículos básicos.
Hay que sopesar cada paso de las cargas impositivas, pero siempre su aplicación será un trago amargo.
2012-10-07 01:11:50