Por Manuel Hernández Villeta
Lo único que se ha mantenido de pie, vertical, en lucha constante, en toda la historia dominicana, es el ideal de una patria libre, soberana e independiente, que se dé un justo reparto de las riquezas y que se respeten los derechos humanos.
La libertad individual y colectiva, el derecho a la vida, el mantenimiento de la democracia, es una de las grandes víctimas en la historia dominicana. En pocas ocasiones logró germinar la semilla de la libertad.
Pero nunca, sea bajo las botas y el sable más despiadado o la dictadura ilustrada, el ideal de una patria donde ondée la bandera tricolar de la libertad, ha podido ser asesinada.
Si hacemos un balance de la historia dominicana, en la práctica los gobiernos democráticos y respetuosos de la libertad han florecido en pocas ocasiones.
Nuestra historia está jalonada por el constante atropello del más fuerte, del que tiene más armas, del que despliega más fuerza, aún y con ríos de sangre bajo la suela de sus botas, la idea de la libertad no pereció en el país.
Surgimos como República el 27 de Febrero de 1844, pero aún se escuchaba el grito de libertad en el Baluarte del Conde, cuando se comenzó a fusilar a los patriotas, y Juan Pablo Duarte tuvo que salir hacia un exilio para salvar la vida.
Antes de los 15 años de ser proclamada la Republica Dominicana, el poder había pasado a manos de los terratenientes que con zandalias llenas de lodo convertían en letra muerta la Constitución.
Pero se impone la capacidad de lucha del pueblo y se da el Grito de Capotillo, donde a tambor batiente se logra la Restauración de la República, y se vence a los pro anexionistas españoles.
Poco dura esa etapa de libertades, porque el heroismo de Gregorio Luperón da paso al sanguinario Lilis, que sobre un mar de sangre y cadáveres gobernó al país, arrancando de raíz el árbol de la libertad.
Pero con la muete de Lilís se reinicia la etapa de los caciques locales, de los generales de manigua, de los gobiernos regionales, de la anarquía total de los terretenientes y adinerados, que lleva a la primera intervención militar de los Estados Unidos.
De las botas norteamericanos se da paso a la larga dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, y del 1930 al 1978, la República Dominicana sólo conoce del gobierno democrático de siete meses del profesor Juan Bosch.
La revolución de abril buscó implantar un período de libertades, pero sus efectos colaterales parieronal déspota ilustrado, encarnado en el doctor Joaquín Balaguer.
Sólo el ideal de una patria libre e independiente mantienevivo en los dominicanos la ferrea voluntad de tener un gobierno del pueblo y para el pueblo.
2013-01-25 18:08:54