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Manoel de Oliveira presta su lustre a un apagado festival veneciano

Venecia, 9 sep (PL) El cineasta portugués Manoel de Oliveira imprimió un resplandor singular a la Mostra veneciana, ya mustia, con su linaje de patriarca y su talento invicto a los 101 años.

La víspera entró, bajo un vendaval de aplausos, a la Sala Perla -repuesta de las filtraciones de una lluvia intempestiva- para presentar su nuevo proyecto, Paineis de Sao Vicente de Fora, visao poetica, un corto de 16 minutos que entona un canto a la paz y reconciliación de los pueblos.

Oliveira tomó como punto inspirador de su cinta un cuadro del siglo XVI, atribuido al pintor portugués Nuno Goncalves, compuesto por seis paneles. El personaje central es San Vicente, encarnado en la pantalla por el actor Ricardo Trapa, quien emerge del lienzo para llamar a los restantes personajes pictóricos a la sala del museo que expone la obra del artista.

Un cuadro viviente cobra cuerpo entonces frente al conjunto pictórico original del cual Oliveira ofrece una interpretación personal sostenida por el deseo de un futuro de paz y reconciliación para su país y el resto del mundo.

Lo que propongo es un acuerdo para vivir en paz e igualdad, pero es a la vez una visión utópica. Nunca llegamos a un mundo en buen estado de cosas, en verdadera igualdad de pueblos, dijo a la prensa.

La vitalidad y el talento excepcional de este realizador que en diciembre cumplirá 102 años iluminaron un festival que va de capa caida y deberá compartir sus últimas jornadas con el paso avasallador del certamen canadiense de Toronto, que despuntará hoy llevando en sus alforjas 20 películas de Iberoamérica, a diferencia de la Mostra que admitió solo dos en su sección oficial en concurso y un número escaso en el apartado Horizontes.

También contará con 25 estrenos mundiales y la presencia de más de 500 directores y actores, entre ellos el inefable Woody Allen, Dustin Hoffman, Robert de Niro y Clive Owen. Nombres todos ausentes en Venecia.

Las proyecciones venecianas más recientes depararon pocas sorpresas con filmes de desigual acogida por la crítica, y excepciones como el largometraje italiano Noi credevamo, de Mario Martone, «una lección de historia sobre las grandezas y miserias de las luchas por la unidad de Italia, extraídas de un libro de Anna Banti, en el 150 aniversario de esos hechos.

Con un metraje que abarca casi tres horas y media, el cineasta logra mantener al espectador atento en su butaca, a lo que se añade el prodigio de conseguir con siete millones de euros una producción de una magnitud que aparenta haber consumido el triple de esa cifra, según la prensa especializada.

Una cinta con la que Italia parece haber lavado su imagen en una Mostra que languidece al aproximarse al refugio del León de oro.

2010-09-09 22:21:43